Hungría avanza con una controvertida ley de «Transparencia de la Vida Pública» que podría silenciar a medios y ONG con financiación extranjera. Entérate cómo te afecta.
El gobierno de Viktor Orbán en Hungría está a punto de aprobar una controvertida ley, titulada «Sobre la Transparencia de la Vida Pública», que ha generado alarma internacional al permitir la inclusión en una lista negra de organizaciones, incluidos medios de comunicación, que reciban financiación extranjera.
La defensa de las libertades democráticas y la libertad de prensa en Europa enfrenta un desafío significativo con la inminente aprobación de una controvertida ley en Hungría, que ha sido comparada con la legislación de «agentes extranjeros» de Rusia. El 3 de junio de 2025, la atención se centra en la propuesta de ley húngara «Sobre la Transparencia de la Vida Pública», que se espera sea votada la próxima semana y que, de aprobarse, otorgaría amplios poderes a la «Oficina de Protección de la Soberanía» del país.
Esta legislación permitiría a dicha oficina incluir en una lista negra a organizaciones, incluidos medios de comunicación, que reciban financiación extranjera y sean consideradas una amenaza para la soberanía nacional. La designación es extremadamente amplia, abarcando actividades como «influir en la opinión pública» o «desafiar los valores definidos por el estado», lo que abre la puerta a una interpretación arbitraria y a la persecución de la disidencia. Las organizaciones en esta lista negra se enfrentarían a severas consecuencias: prohibición de recibir fondos extranjeros, requisitos onerosos de divulgación de activos para sus líderes, posibles incautaciones y multas de hasta 25 veces el valor de los fondos recibidos. La ley podría aplicarse a donaciones tan pequeñas como cinco euros, incluso si provienen de la propia Unión Europea, de la cual Hungría es miembro.
La International Press Institute (IPI) y organizaciones asociadas han calificado la ley como una «amenaza directa a los valores fundamentales de la UE de libertad de prensa y pluralismo de los medios», advirtiendo que proporcionaría «un punto de apoyo para la estrangulación al estilo ruso de los medios independientes desde dentro del propio bloque».
Miles de húngaros han protestado en las calles, y ha habido llamados a la UE para que responda «rápidamente y con fuerza», incluso considerando la congelación de fondos europeos destinados a Hungría. El líder de la oposición húngara ha acusado al gobierno de «copiar a su maestro, Vladimir Putin». Esto sugiere que la ley no es simplemente una medida de transparencia, sino una herramienta autoritaria diseñada para silenciar la disidencia y controlar el flujo de información, especialmente aquella que desafía la narrativa oficial y que se financia externamente.
La aprobación de una ley de este tipo en un estado miembro de la UE establecería un precedente preocupante, planteando serias interrogantes sobre la capacidad de la Unión Europea para proteger sus valores democráticos fundamentales frente a la deriva autoritaria de algunos de sus miembros, posiblemente influenciados por actores externos. La situación en Hungría es un recordatorio de la constante tensión entre la soberanía nacional y los principios de la Unión, con implicaciones directas para la libertad de expresión y el pluralismo mediático en todo el continente.


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