En una escalada bizarra, Corea del Norte envía globos con basura y estiércol. Uno aterrizó en el complejo presidencial de Seúl, revelando una grave brecha de seguridad. Descubre por qué es importante
La tensión en la península de Corea ha tomado un giro surrealista. Corea del Norte ha lanzado una nueva oleada de globos cargados no con armas, sino con basura, colillas y estiércol. En una humillante brecha de seguridad, uno de estos proyectiles de baja tecnología logró aterrizar dentro del complejo presidencial de Corea del Sur en Seúl.
En uno de los episodios más extraños de la guerra psicológica moderna, la frontera más militarizada del mundo se ha convertido en el escenario de una «guerra de la basura». Corea del Norte ha reanudado su insólita campaña de enviar cientos de globos a través de la Zona Desmilitarizada (DMZ) hacia el Sur, una táctica que, aunque parezca absurda, está logrando su objetivo: generar caos, ansiedad y, ahora, una considerable vergüenza para el gobierno de Seúl.
La última oleada de esta ofensiva poco convencional ha alcanzado un nuevo nivel de provocación. Las autoridades surcoreanas confirmaron que al menos uno de los globos norcoreanos logró penetrar el espacio aéreo del complejo presidencial de Yongsan en Seúl, el corazón del poder político y militar de Corea del Sur.
Lluvia de Basura sobre Seúl
Desde finales de mayo, Pyongyang ha lanzado miles de estos globos. La última campaña incluyó el lanzamiento de aproximadamente 420 globos en una sola noche, de los cuales decenas han sido encontrados en Seúl y la provincia circundante de Gyeonggi.
El contenido de las bolsas atadas a los globos es deliberadamente desagradable: papel usado, trozos de tela, colillas de cigarrillos e incluso estiércol. Las autoridades surcoreanas han emitido alertas masivas a los ciudadanos a través de mensajes de texto, instándoles a permanecer en interiores y a no tocar los objetos caídos, por si contuvieran sustancias peligrosas.
Aunque hasta ahora no se han encontrado materiales tóxicos, la campaña es una forma de guerra asimétrica de bajo coste y alto impacto. Es una táctica increíblemente barata para Pyongyang, pero obliga al tecnológicamente superior ejército surcoreano a movilizar recursos considerables, incluyendo equipos de respuesta a amenazas químicas, biológicas y radiológicas, para inspeccionar cada hallazgo.
Brecha de Seguridad: Un Globo en el Corazón del Poder
El aterrizaje de un globo en el complejo presidencial es mucho más que una anécdota. Es una calculada humillación y una potente victoria propagandística para Corea del Norte. Corea del Sur posee uno de los sistemas de defensa antiaérea más sofisticados del mundo, diseñado para interceptar misiles y aviones de combate. El hecho de que un simple globo, una tecnología del siglo XVIII, pueda burlar esta defensa y llegar hasta la oficina del presidente Yoon Suk Yeol, expone una vulnerabilidad crítica.
Pyongyang está enviando un mensaje claro a Seúl y a su aliado, Estados Unidos: sus multimillonarios sistemas de defensa tienen puntos ciegos que pueden ser explotados por los medios más rudimentarios.
«El equipo de respuesta a la guerra química, biológica y radiológica ha recogido de forma segura los globos de basura. Tras la investigación, los resultados han confirmado que no había peligro ni contaminación en el objeto», declaró el servicio de seguridad presidencial de Corea del Sur, intentando minimizar el incidente.
El Origen del Conflicto: Folletos contra Basura
Esta extraña guerra de ida y vuelta tiene un origen claro. Durante años, activistas surcoreanos y desertores norcoreanos han enviado sus propios globos hacia el Norte. Sin embargo, estos globos llevan una carga muy diferente: folletos con críticas al régimen de Kim Jong Un, información sobre la democracia y la vida en el exterior, memorias USB con música K-pop y películas surcoreanas, e incluso billetes de un dólar estadounidense.
Pyongyang es extremadamente sensible a esta infiltración de información, ya que teme que pueda erosionar el férreo control que ejerce sobre su población y desmoralizar a sus ciudadanos y soldados. La campaña de globos de basura es, según el régimen, una represalia «ojo por ojo» contra estas «provocaciones» del Sur.
La campaña también sirve como una herramienta para que Corea del Norte ponga a prueba al nuevo gobierno liberal del presidente surcoreano, que ha prometido buscar una desescalada. Al utilizar una provocación no letal pero altamente irritante, Pyongyang puede medir la reacción de Seúl y calibrar hasta dónde puede presionar en el futuro.
Aunque los proyectiles son basura y no bombas, están cargados de un potente simbolismo político, demostrando que en la península de Corea, la tensión puede flotar, literalmente, en el aire.


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