La administración Trump ha impuesto nuevos y agresivos aranceles, provocando un terremoto económico. Las reacciones en América Latina, que van desde la represalia directa hasta el silencio estratégico, exponen una profunda división política en un momento crítico para la región.
La decisión del gobierno de Estados Unidos de imponer una nueva ronda de aranceles comerciales, incluyendo una tasa del 30% a productos de México y la Unión Europea, y un arancel base global del 10%, ha enviado una onda de choque a través de América Latina. Más que una simple disputa económica, la medida ha actuado como un catalizador, revelando y profundizando las fisuras políticas existentes en el continente y desmantelando cualquier noción de una respuesta regional unificada.
El impacto directo: Un golpe asimétrico
El alcance de los aranceles no ha sido uniforme, reflejando una estrategia calculada por parte de Washington. Los detalles específicos pintan un cuadro complejo:
- México: A pesar de ser socio en el T-MEC, el país enfrenta un escenario adverso. Se mantienen gravámenes del 25% sobre el acero y el aluminio, y se añade una nueva tarifa del 25% a las partes de automóviles que no cumplen con las estrictas reglas de origen del tratado. En la práctica, esto significa que más de la mitad de sus exportaciones hacia EE.UU. se verán afectadas.
- Brasil: La potencia sudamericana se enfrenta al arancel base del 10%, pero con la amenaza latente de una escalada hasta el 50%, una medida que podría tener consecuencias devastadoras para su industria.
- Venezuela y Nicaragua: Estos países han sido objeto de tasas punitivas más altas, del 15% y 18% respectivamente. La administración estadounidense justificó estas medidas calificando a sus gobiernos como «dictaduras», evidenciando el uso de la política comercial como herramienta de presión geopolítica.
- Ecuador: Recibió únicamente el arancel base del 10%, un hecho que su cancillería no tardó en destacar, comparando su situación favorablemente con la de otros vecinos regionales, en un movimiento que subraya la falta de solidaridad en la respuesta.
Un continente, Múltiples respuestas: El tablero geopolítico
La reacción de los líderes latinoamericanos ha sido tan variada como los aranceles mismos, dibujando un mapa de alianzas e ideologías contrapuestas.
México, bajo la presidencia de Claudia Sheinbaum, ha optado por una respuesta de «ojo por ojo». El gobierno anunció que implementará sus propios aranceles a productos estadounidenses, calificando la medida de Trump como un «muro en nuestras relaciones comerciales». Sin embargo, fuentes diplomáticas celebran que el T-MEC, el pilar de su relación comercial, se mantenga en pie, un logro considerado vital en medio de un nuevo orden mundial proteccionista.
Brasil, por su parte, ha elevado el tono del desafío. El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva no solo ha calificado los aranceles como una violación flagrante de los compromisos de EE.UU. ante la Organización Mundial del Comercio (OMC), sino que ha anunciado que planea coordinar una acción legal conjunta en la OMC con otros países afectados. Este movimiento posiciona a Brasil como un potencial líder de la resistencia regional, un contrapeso a la hegemonía estadounidense en el comercio.
«El gobierno estadounidense creyó que subiendo aranceles a sus importaciones pudo aumentar su producción, riqueza y empleo; en mi opinión, pudo ser un gran error. Es la muerte del neoliberalismo». – Gustavo Petro, Presidente de Colombia.
Desde Colombia, el presidente Gustavo Petro enmarcó la situación en una clave ideológica, describiéndola como un «gran error» y «la muerte del neoliberalismo». Su análisis se centra en que el proteccionismo estadounidense no logrará los beneficios económicos esperados y, en cambio, perjudicará el sistema global.
En contraste, los países de Centroamérica, como Costa Rica y Guatemala, han optado por un silencio estratégico. Conscientes de su vulnerabilidad, sus gobiernos han preferido la cautela, buscando obtener más información antes de fijar una postura oficial que pueda generar represalias.
La verdad sin rodeos: Una región fragmentada
La crisis arancelaria ha puesto de manifiesto una verdad incómoda: América Latina carece de una voz única. La ausencia de una respuesta coordinada no es una casualidad, sino el síntoma de una profunda fragmentación política. Gobiernos de izquierda, como el de Colombia, utilizan la crisis para validar su discurso anticapitalista. Líderes pragmáticos, como en México, buscan proteger sus intereses con respuestas medidas. Y otros, como Ecuador, intentan sacar provecho de la situación, destacando su «mejor» posición.
Esta división interna es, en sí misma, una noticia de alto impacto. La verdadera guerra comercial no es solo de Estados Unidos contra la región, sino que también se libra en el interior de América Latina, en un tablero de ajedrez geopolítico donde cada país mueve sus piezas para sobrevivir, a menudo a costa de la unidad. La iniciativa de Brasil en la OMC será una historia a seguir, una que podría redefinir los equilibrios de poder en el hemisferio.


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