La vida en Gaza se resume hoy en una sola palabra: supervivencia. En medio de edificios destruidos, familias desplazadas y calles silenciadas por el miedo, la salud pública se ha convertido en la última línea de resistencia ante un conflicto que no da tregua.
En las últimas horas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó una advertencia urgente: los hospitales Naser y Al Amal, dos de los principales centros médicos de la Franja de Gaza, están al borde de la inoperatividad. Según Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general del organismo, “el sistema de salud de Gaza está colapsando”.
Una catástrofe médica con rostro humano
La historia de Amina, una enfermera de 32 años en el Hospital Naser, ilustra la tragedia. “Cada noche escuchamos bombardeos. Los pacientes tiemblan. No hay luz, apenas medicina, y cada día muere alguien esperando tratamiento”, dice entre lágrimas.
Como ella, cientos de profesionales sanitarios trabajan en condiciones inhumanas, con acceso restringido, rutas bloqueadas y sin suministros básicos. “Las ambulancias no pueden llegar. Los pacientes tampoco. Estamos atrapados”, advierte Amina.
La guerra y el precio en vidas humanas
Desde octubre de 2023, cuando Hamas lanzó un ataque que mató a 1.200 israelíes y secuestró a 250, la ofensiva de Israel ha dejado más de 54.600 muertos y 125.500 heridos en Gaza, según cifras palestinas.
La situación ha degenerado hasta el punto en que la ONU declara a Gaza como el lugar más hambriento del planeta, con el 100% de su población en riesgo de hambruna. Jens Laerke, portavoz de la organización, calificó la situación como “trágica, desesperante e inhumana”.
¿Por qué están por cerrar Naser y Al Amal?
Los dos hospitales, ubicados en zonas densamente pobladas, se han convertido en blanco indirecto del fuego cruzado. La OMS denuncia ataques sistemáticos en sus alrededores, junto a la falta de rutas seguras para personal y suministros.
Además, la escasez de medicinas, la falta de electricidad y el colapso logístico están haciendo imposible mantener los servicios médicos activos. Sin estos hospitales, más de 2 millones de personas se quedarán sin atención sanitaria.
Tensión política y responsabilidad internacional
Mientras Estados Unidos respalda las operaciones israelíes, figuras de la ONU como Tom Fletcher acusan directamente al gobierno de Netanyahu de privar “deliberadamente” al pueblo palestino de recursos para sobrevivir.
Las palabras de Fletcher son duras pero reflejan el sentir global: “El mundo observa escenas horrorosas de palestinos que mueren intentando conseguir comida”.
Un grito urgente que no puede ignorarse
La crisis en Gaza no es solo un conflicto regional, es una emergencia humanitaria global. El colapso de hospitales como Naser y Al Amal es un símbolo de cómo la guerra devora lo esencial: la vida misma.
La comunidad internacional enfrenta una disyuntiva moral urgente: permitir que Gaza se hunda en el abismo o actuar, sin excusas, por la vida.


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