En la clausura del XXI Congreso Nacional del PP, un eufórico Alberto Núñez Feijóo ha sido reelegido presidente y ha lanzado su plataforma para La Moncloa con una frase definitoria: buscará un «gobierno en solitario», pero se niega a aplicar un «cordón sanitario a Vox».
«Hoy no acaba nada, empieza todo». Con estas palabras, un reforzado Alberto Núñez Feijóo ha sellado su liderazgo al frente del Partido Popular y ha presentado las líneas maestras de su proyecto para alcanzar la presidencia del Gobierno. En un congreso marcado por la euforia y la sensación de unidad, en contraste con las tensiones que vive el Ejecutivo de coalición, Feijóo ha realizado una declaración estratégica que definirá el mapa político español en los próximos años.
La Estrategia de Gobierno: En Solitario y Sin Ataduras
El líder popular ha sido tajante en su objetivo: «Quiero un Gobierno en solitario. El único Gobierno de coalición hasta la fecha no ha funcionado». Con esta afirmación, busca proyectar una imagen de estabilidad y centralidad, apelando directamente a los votantes desencantados con la polarización. «O Sánchez o yo, no hay más», sentenció, en un intento de enmarcar las futuras elecciones como un plebiscito.
Para reforzar esta imagen, Feijóo prometió «10 tareas» para sus primeros 100 días de gobierno, entre las que se incluyen un «Gobierno limpio», la auditoría de todos los gastos públicos y el compromiso de convocar nuevas elecciones si no consigue aprobar los Presupuestos Generales del Estado.
El Dilema de Vox: Respeto al Votante, Distancia del Partido
La declaración más analizada y con mayor potencial de controversia fue su posicionamiento respecto a Vox. Feijóo aseguró que no pondrá un «cordón sanitario a Vox como pide la izquierda», argumentando que «sus votantes merecen un respeto». Este movimiento es un delicado acto de equilibrio: un intento de atraer al electorado de Vox sin alienar al votante de centro, al tiempo que insiste en su deseo de gobernar sin coaliciones.
La respuesta no se hizo esperar. El líder de Vox, Santiago Abascal, emplazó al PP a «cambiar las políticas que comparte con el PSOE» si quiere llegar a un pacto. «El día que cambien habrá posibilidad de encuentro y de pacto», advirtió Abascal, citando la Agenda 2030, las políticas de género o la ley de memoria histórica como puntos de discordia.
«A mí no me importan las personas que el Partido Popular ponga al frente. Me importan las políticas que se defienden. Y hoy, PP y PSOE defienden lo mismo en muchas cosas.» – Santiago Abascal, Presidente de Vox.
La estrategia de Feijóo supone una aceptación táctica de que el marco político español ha cambiado. En lugar de intentar aislar a Vox, una estrategia que a menudo ha fortalecido a la ultraderecha en otros países europeos al permitirle jugar el papel de víctima, el PP parece optar por «normalizar» su existencia. No es una invitación a gobernar, sino un intento de hacer a Vox menos atractivo para sus propios votantes al quitarle su aura de «outsider» rebelde. Al tratar a Vox como un partido más, el PP podría estar buscando absorber a su electorado bajo la premisa del voto útil. La contundente respuesta de Abascal demuestra que ha entendido la amenaza y no está dispuesto a ceder el terreno sin una batalla política de fondo.
