Cuando Jorge Mario Bergoglio se convirtió en el Papa Francisco en 2013, pocos anticipaban que uno de sus legados más profundos sería la promoción del papel de las mujeres dentro de la Iglesia Católica. Su papado, marcado por una visión reformista, no tardó en evidenciar una voluntad concreta de romper con estructuras vetustas.
Las mujeres, por siglos relegadas a funciones auxiliares, comenzaron a ocupar espacios decisivos. “Un mundo en el que las mujeres son marginadas es un mundo estéril”, afirmó Francisco, y con ese mensaje inició una serie de transformaciones que han sacudido los cimientos del Vaticano.
Raffaella Petrini: un nombre que hizo historia
En febrero de 2025, la historia dio un giro inesperado: Raffaella Petrini, religiosa franciscana, fue nombrada vicaria general del Gobernatorato del Vaticano, siendo la primera mujer en ocupar este cargo. Aunque su rostro era poco conocido fuera de los círculos eclesiásticos, su nombramiento se convirtió en símbolo de un cambio profundo.
Desde la supervisión de los Museos Vaticanos hasta la administración general de la Ciudad del Vaticano, Petrini asumió funciones que antes eran dominio exclusivo de varones. Su ascenso coincidió con una de las etapas más frágiles en la salud del Papa: una hospitalización de 38 días por una infección respiratoria. El momento no pasó desapercibido.
Una estructura que comenzó a abrirse
Antes de Petrini, otras mujeres como Simona Brambilla ya habían comenzado a escalar posiciones clave. Brambilla fue designada prefecta del departamento encargado de las órdenes religiosas, un movimiento que preparó el terreno para lo que estaba por venir.
En paralelo, la proporción de mujeres en la Curia aumentó del 19,3% en 2013 al 26% en 2025, según Vatican News. No se trata de cifras vacías, sino de nombres, rostros y decisiones que reflejan una Iglesia que, poco a poco, se abría a nuevas voces.
La resistencia conservadora: el otro lado del legado
Pero no todos aplaudieron estos pasos. La estructura jerárquica del Vaticano —una de las más rígidas del mundo— presentó resistencia. Los sectores más conservadores acusaron a Francisco de ir demasiado lejos, de poner en riesgo la doctrina milenaria con un discurso demasiado “progresista”.
A pesar de sus avances, Francisco nunca permitió el sacerdocio femenino ni aceptó la ordenación de mujeres como diaconisas. Su postura fue clara: reforma, sí; ruptura doctrinal, no.
¿Y ahora qué? El desafío del futuro sin Francisco
Con la muerte del Papa, la gran pregunta es si su sucesor continuará con este camino. ¿Se afianzarán los espacios ganados por mujeres como Petrini o volverán a cerrarse? La puerta está entreabierta, pero depende del próximo pontífice si esa luz se convierte en un paso hacia una verdadera transformación o en una ilusión pasajera.
Las mujeres han demostrado su capacidad para liderar dentro del Vaticano. Pero el poder real aún está lejos de ser compartido en igualdad. La historia dirá si el legado de Francisco fue un punto de inflexión o solo una nota a pie de página en el eterno libro de la Iglesia.
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