Ecuador se desangra: Homicidios aumentan 58% en medio de la violencia

Ecuador se desangra: Homicidios aumentan 58% en medio de la violencia
Ecuador se desangra: Homicidios aumentan 58% en medio de la violencia

La violencia no da tregua en Ecuador. Cifras oficiales revelan un alarmante aumento del 58% en los homicidios durante el primer cuatrimestre de 2025, evidenciando una profunda crisis de seguridad que desafía la estrategia de «conflicto armado interno» del gobierno.

Ecuador se hunde en una espiral de violencia que parece no tener fin. A pesar de la declaratoria de «conflicto armado interno» por parte del gobierno de Daniel Noboa, las cifras de criminalidad continúan su ascenso vertiginoso. Durante el primer cuatrimestre de 2025, el país registró 3.087 muertes violentas, un 58,22% más que en el mismo período de 2024, cuando se contabilizaron 1.951.

Este dato confirma una tendencia aterradora: entre 2019 y 2024, los homicidios en el país aumentaron un 430%. Al cierre del primer semestre de 2025, la cifra de asesinatos ya alcanza los 4.600, un promedio de casi 26 muertes violentas por día. La estrategia de «mano dura», que ha implicado la militarización de las calles y las cárceles, no logra contener la sangría.

Ecuador: El Nuevo Epicentro de la Guerra Regional del Narcotráfico

La crisis ecuatoriana no puede entenderse como un simple problema de pandillas locales. El país ha dejado de ser una mera zona de tránsito para convertirse en un campo de batalla estratégico para los cárteles más poderosos de América Latina. La combinación de una economía dolarizada que facilita el lavado de dinero, puertos estratégicos en el Pacífico, y una institucionalidad estatal históricamente débil, ha convertido a Ecuador en el nuevo epicentro de operaciones para grupos como los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación de México, además de facciones brasileñas y disidencias colombianas.

La violencia que hoy aterroriza a ciudades como Guayaquil, Durán y Esmeraldas es, en gran medida, la exportación de los conflictos de estos grupos transnacionales que se disputan el control de las rutas para el envío de cocaína a Europa y Estados Unidos. Bandas locales como Los Choneros, Los Lobos y Los Tiguerones actúan como filiales o contratistas en esta guerra de alcance continental.

El Dilema de la «Mano Dura»: ¿Éxito de Bukele o Fracaso de México?

La estrategia del presidente Noboa lo coloca en una encrucijada crítica. Por un lado, la población, aterrorizada, demanda acciones contundentes, viendo con buenos ojos el modelo de Nayib Bukele en El Salvador, donde una política de encarcelamiento masivo ha reducido drásticamente los homicidios. La declaración de «conflicto armado interno» y la militarización responden a esta demanda popular de orden.

Sin embargo, expertos en seguridad advierten que Ecuador corre el riesgo de repetir los fracasos de México y Colombia. En esos países, décadas de «guerra contra el narco» con un enfoque puramente militar no solo no acabaron con los cárteles, sino que los fragmentaron, multiplicando la violencia y generando una profunda corrupción en las fuerzas de seguridad y la justicia, un fenómeno conocido como el «efecto cucaracha». Además, la militarización ha traído consigo graves denuncias de violaciones a los derechos humanos, incluyendo ejecuciones extrajudiciales y tortura en las cárceles, según ha documentado Human Rights Watch.

«La militarización de la seguridad ciudadana y el uso del ejército contra el crimen organizado han arrojado resultados débiles o fracasos. La guerra generó un aumento considerable de la violencia y de los conflictos entre bandas.» – Jorge Mantilla, experto en seguridad colombiano.

Las Cárceles: Cuarteles Generales del Crimen

Un factor clave que alimenta la crisis es la pérdida total del control estatal sobre el sistema penitenciario. Las cárceles ecuatorianas, escenario de masacres atroces en los últimos años, funcionan como centros de mando y reclutamiento para las organizaciones criminales.

La intervención militar en las prisiones es una admisión desesperada de este fracaso. Lejos de ser una solución, ha generado un ciclo vicioso: los abusos y las condiciones inhumanas denunciadas por organismos de derechos humanos contra los reclusos alimentan el resentimiento y fortalecen la lealtad de los miembros de las bandas, convirtiendo a las cárceles en verdaderas «universidades del crimen». La crisis de seguridad que se vive en las calles se gesta y se dirige, en gran medida, desde el interior de los penales.

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