Los drones Shahed se han convertido en una de las armas más reconocibles de la guerra de Ucrania, pero detrás de cada aparato existe una cadena de suministro mucho más amplia que conecta a Irán con proveedores e intermediarios de China. Una investigación publicada por The Wall Street Journal señala que motores, chips y otros componentes de fabricación china han adquirido un papel central en la producción de estos drones, incluso mientras Estados Unidos mantiene sanciones relacionadas con el programa iraní.
La historia comienza mucho antes de los ataques actuales contra Kiev. Para desarrollar los primeros modelos, los ingenieros iraníes utilizaron motores L 550 E, diseñados originalmente en Alemania por Limbach Flugmotoren. Según un cable diplomático estadounidense de 2008 difundido por WikiLeaks, Irán habría conseguido algunos de estos motores mediante intermediarios y documentación aduanera falsificada. Años después, la relación con China se volvió mucho más importante para mantener el suministro de tecnología y componentes necesarios para la fabricación.
Drones Shahed y el crecimiento de los componentes chinos
El vínculo con China se hizo más profundo a partir de 2012, cuando una empresa china comenzó a distribuir los motores de Limbach. Cinco años después, esa compañía adquirió por completo a la firma alemana, una operación que facilitó el acceso a esa tecnología. Posteriormente, el Tesoro estadounidense sancionó a Xiamen Limbach Aircraft Engine por su relación con el suministro de motores similares a los utilizados en programas de drones vinculados con Rusia.
Con el paso del tiempo, Irán desarrolló una versión propia del motor mediante Oje Parvaz Mado Nafar, empresa vinculada a la Guardia Revolucionaria Islámica. Sin embargo, de acuerdo con los registros citados por el Journal, la producción continuó dependiendo de piezas y materiales adquiridos en China. Estados Unidos sancionó a la compañía en 2021, mientras que Ucrania posteriormente señaló a uno de sus responsables por un acuerdo de 2022 relacionado con la venta de más de 13 mil drones Shahed a Rusia, junto con piezas y maquinaria para producirlos.
La cadena descrita por la investigación no se limita a los motores. También aparecen empresas intermediarias y comerciantes que habrían facilitado la llegada de componentes a Irán mediante compañías ubicadas en China continental y Hong Kong. Entre los materiales mencionados se encuentran piezas de aluminio y otros elementos utilizados en la fabricación de los sistemas de propulsión.
De China a Irán: una cadena de piezas cada vez más amplia
Uno de los aspectos señalados por la investigación es la presencia de componentes electrónicos fabricados originalmente por empresas occidentales. Durante el análisis de drones derribados en Ucrania se encontraron microcontroladores de Texas Instruments y reguladores de STMicroelectronics. De acuerdo con investigaciones del Tesoro estadounidense citadas por el Journal, buena parte de estos productos habría llegado a Irán o Rusia a través de intermediarios chinos que ocultaban el destino final de los envíos.
Las compañías involucradas han rechazado el uso de sus productos en equipamiento militar iraní o ruso. Texas Instruments señaló que se opone firmemente al desvío ilegal de sus componentes, mientras que STMicroelectronics indicó que no respalda el uso de sus productos fuera de los fines para los que fueron diseñados. El caso muestra la dificultad de controlar componentes comerciales que pueden terminar en productos diferentes de aquellos para los que fueron vendidos originalmente.
China, por su parte, ha defendido en ocasiones anteriores que mantiene controles sobre la exportación de productos que pueden tener usos civiles y militares. También ha rechazado las sanciones estadounidenses que considera unilaterales. El gobierno de Hong Kong afirmó que aplica las sanciones de Naciones Unidas, aunque mantiene una posición diferente respecto de las medidas impuestas únicamente por Estados Unidos.
Los nuevos drones Shahed incorporan más tecnología
Mientras los modelos iniciales dependían en mayor medida de componentes occidentales, la investigación del Wall Street Journal señala que esa situación ha ido cambiando. La fabricación china de piezas electrónicas y otros componentes ha aumentado su importancia, reduciendo la necesidad de recurrir a determinados productos occidentales.
El coronel ucraniano Oleksandr Zaruba explicó en junio que algunos modelos actuales incorporan más antenas, módems y tarjetas SIM para ayudar a corregir su trayectoria utilizando redes locales. Según la información citada, muchos de estos elementos son de origen chino. También se han encontrado modificaciones en algunos aparatos, incluyendo elementos destinados a dificultar las operaciones de las aeronaves que intentan interceptarlos.
Este proceso permite observar cómo una plataforma que comenzó como un arma relativamente sencilla ha ido incorporando cambios. Los drones mantienen la característica que los hizo atractivos para su utilización masiva, pero pueden recibir nuevas piezas y sistemas que modifican sus capacidades.
El salto de velocidad cambia el desafío para Ucrania
Uno de los cambios más importantes mencionados en la investigación está relacionado con la propulsión. Las versiones más recientes utilizan motores turborreactores en lugar de sistemas basados en hélices y pueden alcanzar velocidades cercanas a los 480 kilómetros por hora, según los datos citados por el Journal.
Funcionarios ucranianos atribuyeron esos motores a Telefly Telecommunications Equipment, una empresa fundada en Shenzhen que se dedica principalmente al hardware informático y que también comercializa microturborreactores. Después de que se hiciera público el vínculo señalado en la investigación, la sección dedicada a esos productos desapareció de la versión en inglés de su sitio web, aunque permaneció disponible en chino.
La diferencia de velocidad tiene consecuencias directas para la defensa aérea. Según funcionarios ucranianos citados por el diario, Ucrania consigue interceptar más del 90% de los modelos Shahed antiguos, mientras que las versiones más rápidas representan un desafío mayor para determinados drones interceptores. En esos casos, el país puede necesitar aviones de combate o misiles de defensa aérea, recursos que tienen una disponibilidad limitada.
Una tecnología que comenzó a expandirse fuera de Irán
El recorrido de los drones Shahed tampoco termina en la relación entre Irán, Rusia y Ucrania. Según el Departamento de Defensa estadounidense, Irán ha vendido tecnología relacionada con sus drones a países como Venezuela, Siria y Etiopía. También se ha señalado el uso de Shahed por parte del Africa Corps ruso en Malí.
La expansión de esta tecnología muestra cómo un diseño desarrollado para una necesidad concreta puede terminar utilizándose en diferentes escenarios. China e India también han desarrollado sus propias versiones, mientras que Estados Unidos se ha inspirado en conceptos similares para desarrollar drones de bajo costo.
El interés está relacionado con una característica sencilla: un dron relativamente económico puede obligar al adversario a utilizar recursos defensivos mucho más costosos. Esa diferencia modifica la manera en que los ejércitos calculan sus defensas y explica por qué los drones de bajo costo han ganado tanta importancia en los conflictos recientes.
El papel de China cambia la cadena de producción
La investigación citada presenta una evolución clara en la cadena de suministro. En las primeras etapas, Irán necesitaba conseguir componentes occidentales para desarrollar y mantener sus drones. Con el tiempo, la disponibilidad de piezas fabricadas en China aumentó y permitió reducir esa dependencia.
Kerri Bitsoff, exfuncionaria del Tesoro estadounidense citada por el Journal, resumió ese cambio señalando que durante mucho tiempo el desafío había sido conseguir piezas occidentales, mientras que la situación comenzó a cambiar conforme China aumentó su capacidad para fabricar componentes y tecnología de este tipo.
Así, los drones Shahed representan actualmente algo más que un modelo utilizado en ataques contra Ucrania. Su producción muestra cómo las cadenas internacionales de suministro pueden conectar fabricantes, intermediarios y componentes procedentes de distintos países, incluso cuando existen sanciones destinadas a limitar determinadas transferencias de tecnología.
La evolución de estos aparatos también permite observar un cambio en la guerra moderna: plataformas relativamente económicas pueden incorporar componentes cada vez más sofisticados y adaptarse rápidamente a las necesidades del campo de batalla. Según la información analizada, el peso de los proveedores chinos dentro de esa cadena ha crecido de manera significativa, mientras Irán y Rusia continúan utilizando esta tecnología en sus operaciones.
En ese contexto, los drones Shahed se mantienen como una pieza importante de la guerra de Ucrania y como un ejemplo de cómo la fabricación de tecnología militar puede extenderse mucho más allá de las fronteras del país que diseñó originalmente el arma.
Extracto: Una investigación del Wall Street Journal señala que componentes, motores y tecnología fabricados en China tienen un papel cada vez mayor en los drones Shahed utilizados por Irán y Rusia.


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