La cumbre del G7 se inaugura hoy, 16 de junio de 2025, en Kananaskis, Canadá, en un clima de tensión sin precedentes. La agenda oficial se ve eclipsada por la escalada del conflicto entre Israel e Irán y las profundas fracturas internas provocadas por las políticas de EE. UU..
El encuentro de las siete democracias más industrializadas del mundo, concebido como un foro para proyectar unidad y liderazgo global, ha comenzado este lunes en las Montañas Rocosas de Canadá bajo un manto de incertidumbre y división. Oficialmente, los líderes discutirán sobre seguridad global y estabilidad económica, pero la realidad es que la agenda está secuestrada por dos crisis que amenazan con dinamitar los cimientos de la alianza occidental: una externa, la escalada bélica en Oriente Medio; y una interna, quizás más peligrosa, la fractura provocada por las políticas del presidente estadounidense Donald Trump.
La atmósfera es tan tensa que, en un movimiento diplomático que revela la profundidad de la desconfianza, el anfitrión canadiense ha optado por renunciar al tradicional comunicado conjunto. En su lugar, se emitirá un «resumen de la presidencia», un eufemismo que admite la incapacidad de los líderes para ponerse de acuerdo en una visión común.
Oriente Medio: El telón de fondo de una guerra inminente
La cumbre se celebra mientras el mundo contiene la respiración ante la crisis entre Israel e Irán. Los recientes ataques y contraataques han llevado a la región al borde de un conflicto a gran escala, una situación que ha tomado por sorpresa a muchas de las cancillerías europeas.
Un dato, revelado por fuentes de inteligencia estadounidenses, subraya la gravedad del momento: el presidente Trump vetó personalmente un plan israelí para asesinar al líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei. Esta información no solo muestra hasta qué punto estaba dispuesto a llegar Israel, sino que también evidencia la volatilidad de la situación y el papel crucial, aunque impredecible, que juega la Casa Blanca.
El primer ministro británico, Keir Starmer, ha confirmado que las «discusiones intensas» para desescalar la crisis serán un punto central de las reuniones bilaterales, aunque la falta de una postura unificada del G7 debilita cualquier esfuerzo diplomático colectivo.
Trump, el «comodín»: La amenaza viene de dentro
Más allá de la crisis en Oriente Medio, la principal fuente de tensión en Kananaskis proviene de uno de sus propios miembros. Las políticas de «America First» del presidente Trump han erosionado la confianza y han convertido la cumbre en un campo de minas diplomático.
La guerra comercial contra los aliados
La amenaza de imponer aranceles a socios históricos como Canadá y la Unión Europea domina las conversaciones en los pasillos. Aunque se ha alcanzado un acuerdo comercial parcial con el Reino Unido para reducir aranceles a vehículos y metales, este aún no ha entrado en vigor, y la incertidumbre persiste. Otros líderes, como la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, asisten a la cumbre con el objetivo principal de asegurar reuniones bilaterales con Trump para evitar ser los próximos en la lista de objetivos arancelarios, transformando un foro multilateral en una serie de negociaciones individuales bajo presión.
Retórica incendiaria y amenazas a la soberanía
La situación se ha visto agravada por las recientes y controvertidas declaraciones de Trump, quien ha sugerido la posibilidad de «anexionar» Canadá para convertirlo en el estado número 51 de EE. UU. y ha mostrado interés en tomar control de Groenlandia.
«Groenlandia no está a la venta, ni para ser tomada. Todos en Francia, en la Unión Europea, piensan eso. La situación en Groenlandia es una clara llamada de atención para todos los europeos.» – Emmanuel Macron, Presidente de Francia.
La contundente respuesta del presidente francés, Emmanuel Macron, quien hizo una parada simbólica en Groenlandia de camino a la cumbre, refleja la indignación y la preocupación en Europa. Estas declaraciones, calificadas de «bravuconadas» por exlíderes como el canadiense Jean Chrétien, han enrarecido el ambiente y han puesto a los aliados a la defensiva.
Un G7 roto: Consecuencias para el Orden Mundial
La cumbre de Kananaskis se perfila no como una demostración de fuerza, sino como un retrato de la disfunción. Con la presencia de líderes invitados de India, Ucrania, Brasil y Corea del Sur, entre otros, el foco se ha desviado de la acción colectiva a la supervivencia individual, con cada nación buscando salvaguardar sus propios intereses frente a la imprevisibilidad de Washington.
La conclusión preliminar es sombría: la mayor amenaza para el orden liberal que el G7 pretende defender no proviene de adversarios externos, sino de la erosión de la confianza y la cooperación en su propio núcleo. Si la alianza más poderosa del mundo no puede actuar de forma unificada en medio de una crisis global, su relevancia y su capacidad para moldear el futuro quedan en entredicho.


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