Cónclave arranca: Cardenales ya están instalados en el Vaticano

El cónclave arranca: Cardenales ya están instalados en el Vaticano

El eco de siglos de tradición vuelve a retumbar en los muros del Vaticano. Desde este martes, los 133 cardenales electores —todos menores de 80 años— comenzaron a instalarse en la residencia de Santa Marta y otras dependencias vaticanas, listos para vivir en aislamiento el proceso más reservado y simbólico de la Iglesia católica: la elección del próximo Papa.

El ritual del silencio: incomunicados y en oración

A partir del miércoles a las 15:00 (13:00 GMT), el Vaticano apagará literalmente las señales del mundo exterior. Teléfonos, internet y medios de comunicación quedarán fuera del alcance de los llamados “príncipes de la Iglesia”, quienes vivirán sin contacto externo hasta que se revele la esperada fumata blanca.

El cónclave papal es más que una votación secreta. Es un proceso espiritual, lleno de introspección, oraciones y deliberaciones que marcarán el rumbo de la Iglesia católica para las próximas décadas.

Un cónclave histórico: el más internacional de todos

Nunca antes tantos países habían estado representados en la elección de un pontífice. Cardenales de 70 naciones traen consigo visiones diversas, marcadas por realidades culturales, sociales y religiosas diferentes. Este mosaico global es, a la vez, un reto y una riqueza que podría influir en la duración del cónclave.

“No hay una figura que opaque a las demás. Hay muchos perfiles, muchas personalidades que podrían ser elegidas. Diría que al menos cinco o seis”, declaró el cardenal Jean-Paul Vesco, arzobispo de Argel.

Santa Marta: del anonimato a centro del poder espiritual

Desde 2005, la residencia de Santa Marta se convirtió en el hogar temporal de los cardenales durante el cónclave. Fue una decisión del papa Juan Pablo II para ofrecer mayor comodidad, frente a las precarias condiciones que enfrentaban anteriormente en el Palacio Apostólico.

Curiosamente, fue también el lugar de residencia elegido por el propio papa Francisco durante su pontificado, símbolo de su humildad y cercanía. Las habitaciones fueron asignadas por sorteo y los cardenales ya se encuentran allí, acompañados solo por el personal esencial, todos ellos bajo juramento de guardar secreto bajo pena de excomunión.

¿Quién será el nuevo Papa?

La pregunta resuena en las calles de Roma, en las plazas de América Latina, en las iglesias de África, y en las catedrales de Europa. Los fieles y el mundo observan con atención la chimenea de la Capilla Sixtina, atentos a una señal: humo blanco o negro.

La elección podría tardar más que en años anteriores. Tanto Benedicto XVI en 2005 como Francisco en 2013 fueron elegidos en apenas dos días. Sin embargo, con una composición más diversa, temas espinosos sobre la mesa —como los escándalos de abusos sexuales, las finanzas vaticanas y el papel de la Iglesia en un mundo polarizado—, las votaciones podrían extenderse.

Los cardenales se reunieron este martes en su última congregación general, donde además de temas eclesiales, hicieron un llamado urgente a la paz en Ucrania, Medio Oriente y otras regiones afectadas por conflictos.

Un legado difícil de igualar

Francisco, el primer papa latinoamericano, deja tras de sí un pontificado que combinó reformas, cercanía con los pobres y controversias internas. Su muerte el pasado 21 de abril cerró una etapa marcada por el intento de modernizar estructuras centenarias.

Ahora, la Iglesia se enfrenta al desafío de continuar ese legado o virar hacia una nueva dirección. El próximo Papa tendrá que lidiar con profundas tensiones internas, mantener la unidad e inspirar a una nueva generación de católicos.

La elección está en manos de hombres que, encerrados en una sala renacentista bajo la mirada del “Juicio Final” de Miguel Ángel, decidirán en secreto el nombre del 267° pontífice de la historia.

La espera de una señal

Mientras tanto, en la Plaza de San Pedro, miles de peregrinos rezan y esperan. Algunos llevan días acampando, sosteniendo pancartas, cantando en distintas lenguas. Todos comparten una misma esperanza: que el Espíritu Santo inspire a los cardenales a elegir a quien guíe a la Iglesia en tiempos de cambio.

Cuando el humo blanco surja, el mundo lo sabrá. Y después de siglos, como siempre, solo se dirá una frase: “Habemus Papam”.

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