China vs India: la rivalidad que va más allá de una simple frontera

China vs India: la rivalidad que va más allá de una simple frontera
China vs India: la rivalidad que va más allá de una simple frontera

La relación entre China e India, las dos naciones más pobladas del mundo, es mucho más que una disputa territorial en el Himalaya. Es una compleja rivalidad geopolítica, económica y psicológica que definirá el equilibrio de poder en Asia y el orden global del siglo XXI.

Mientras gran parte de la atención mundial se centra en la competencia entre Estados Unidos y China, una rivalidad igualmente trascendental se gesta en el corazón de Asia. La relación entre China e India, dos «estados-civilización» con ambiciones globales, está marcada por una profunda desconfianza y una competencia feroz que se extiende desde las cumbres heladas del Himalaya hasta las cálidas aguas del océano Índico.

El origen de la desconfianza: Más allá de la frontera

La narrativa común sobre el conflicto sino-indio se centra en su larga y no resuelta disputa fronteriza. Los enfrentamientos violentos, como el ocurrido en el valle de Galwan en 2020, que resultó en la muerte de soldados de ambos bandos por primera vez en décadas, son un recordatorio constante de la fragilidad de la paz. Sin embargo, ver la relación únicamente a través de este prisma es un error. La frontera es, en realidad, un síntoma de una rivalidad mucho más amplia y profunda.

En el centro de la tensión se encuentran cuestiones de soberanía y estatus. Para China, el tema del Tíbet está intrínsecamente ligado a la disputa fronteriza, mientras que para India, la relación de China con Pakistán y su postura sobre Cachemira son fuentes permanentes de irritación.

La “rivalidad asimétrica”: Un choque de percepciones

Un factor clave que alimenta la fricción es lo que los analistas denominan una «rivalidad asimétrica». Desde la perspectiva de Pekín, su principal competidor global es Estados Unidos, seguido por Japón. India es considerada un «rival menor», a menudo visto como un simple «peón» en la estrategia estadounidense para contener el ascenso de China.

Nueva Delhi, sin embargo, rechaza vehementemente este estatus. A pesar de que el crecimiento de China ha sido mucho más rápido y completo en las últimas décadas, India se ve a sí misma como una potencia en ascenso con derecho a ser tratada como un par igualitario. Como afirmó el influyente Ministro de Asuntos Exteriores de la India, S. Jaishankar, el país no puede relacionarse con China «excepto sobre una base de igualdad». Esta divergencia fundamental en la percepción mutua es una fuente constante de conflicto.

«Un país como India no sería capaz de tratar con China, excepto sobre una base de igualdad.» – S. Jaishankar, Ministro de Asuntos Exteriores de la India.

Este desequilibrio crea un ciclo peligroso. India, sintiendo su estatus amenazado, busca alianzas y realiza acciones para afirmar su poder. China, interpretando estas acciones no como el legítimo ascenso de un par, sino como una agresión orquestada por Washington, responde de manera que busca reafirmar su superioridad, lo que a su vez refuerza la inseguridad de la India.

El campo de batalla estratégico: Del océano Índico al Quad

La competencia se manifiesta en múltiples dominios. China ha expandido significativamente su influencia económica y estratégica en el sur de Asia, una región que India considera su esfera de influencia histórica. Proyectos bajo la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) en Pakistán, Sri Lanka y Nepal son vistos por Nueva Delhi como un cerco estratégico.

La respuesta de India ha sido doble. Por un lado, ha buscado fortalecer su propia posición como proveedor de seguridad en el océano Índico. Por otro, ha profundizado su alineación con potencias de ideas afines. La revitalización del Diálogo de Seguridad Cuadrilateral (Quad), una alianza estratégica con Estados Unidos, Japón y Australia, es la manifestación más clara de esta estrategia. Ejercicios navales conjuntos como el Malabar, que ahora incluye a los cuatro países, están diseñados para mejorar la interoperabilidad y enviar un mensaje disuasorio a Pekín.

Convergencias ocultas: ¿Enemigos con puntos en común?

A pesar de la intensa rivalidad, sería un error ignorar las áreas de convergencia. Ambos países, a menudo pasados por alto por Occidente, comparten visiones del mundo sorprendentemente similares en ciertos aspectos. Ambos defienden firmemente el principio de soberanía estatal, se ven a sí mismos como líderes naturales del «Sur Global» y abogan por una distribución más equitativa del poder en la gobernanza mundial, desafiando el orden dominado por Occidente.

Esta dualidad hace que la relación sea excepcionalmente compleja y volátil. No es una simple enemistad, sino una danza intrincada de competencia, cooperación limitada y una lucha constante por el estatus. El futuro de Asia, y en gran medida del mundo, dependerá de cómo estos dos gigantes gestionen su inevitable rivalidad.

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