China ha propuesto oficialmente la creación de una organización global para gobernar la IA, un movimiento estratégico para establecer un nuevo orden tecnológico y desafiar el liderazgo de Estados Unidos, cortejando al «Sur Global» como su principal aliado.
En un movimiento con profundas implicaciones geopolíticas, China ha lanzado una ambiciosa propuesta para redefinir las reglas del juego de la tecnología más transformadora del siglo XXI: la Inteligencia Artificial. Durante la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial en Shanghái, el premier chino Li Qiang anunció la intención de Pekín de crear una nueva organización internacional para coordinar la gobernanza global de la IA, proponiendo a la propia Shanghái como su sede. Esta no es una simple iniciativa técnica; es una calculada jugada de ajedrez global para desafiar la hegemonía tecnológica de Estados Unidos y construir una nueva esfera de influencia.
El Anuncio de Shanghái: China Propone un Nuevo Orden Mundial para la IA
La propuesta china se presenta como una solución a la «gobernanza fragmentada» que, según Pekín, actualmente rige el desarrollo de la IA. El plan, detallado en una «Acción para la Gobernanza Global de la IA» por el Ministerio de Asuntos Exteriores, aboga por un marco basado en la «cooperación abierta», el «acceso equitativo» y el desarrollo inclusivo, con el objetivo de que la IA no se convierta en un «juego exclusivo» dominado por unos pocos países y empresas .
El lenguaje utilizado es clave. Al hablar de «compartir abiertamente las tecnologías de IA» y asegurar que «cada país y empresa tenga los mismos derechos a participar», China se posiciona como la defensora de las naciones en desarrollo. La oferta de compartir sus avances, especialmente con los países del «Sur Global», es un intento directo de forjar una coalición de naciones que se sientan excluidas o en desventaja por el actual orden tecnológico liderado por Occidente .
Más Allá de la Tecnología: La «Diplomacia de la IA» como Arma Geopolítica
Esta iniciativa no surge en el vacío. Es la culminación de una estrategia más amplia impulsada por el presidente Xi Jinping, conocida como la Iniciativa Global para la Gobernanza de la IA (GAIGI), lanzada en 2023 . El objetivo final va mucho más allá de la seguridad de los algoritmos; busca moldear las futuras normas, valores y reglas que regirán la IA a nivel mundial.
Al liderar este esfuerzo, Pekín persigue varios objetivos estratégicos. Primero, busca legitimar y normalizar su propio modelo de gobernanza tecnológica, que incluye un fuerte control estatal y el uso de la IA para la vigilancia, presentándolo como una alternativa viable al modelo occidental centrado en los derechos individuales . Segundo, pretende construir un consenso internacional en áreas sensibles para el Partido Comunista Chino, asegurando que el desarrollo futuro de la IA no amenace su estabilidad política.
«Abogamos por el intercambio abierto de tecnologías de IA, donde cada país y empresa tenga los mismos derechos a participar», declaró el premier Li Qiang, en una clara alusión a las restricciones impuestas por Estados Unidos.
En esencia, China está utilizando la IA como una herramienta de soft power, una forma de demostrar liderazgo global y ofrecer un modelo alternativo al orden internacional basado en reglas que, desde la perspectiva de Pekín, ha sido dominado por Estados Unidos y sus aliados .
La Batalla por las Reglas: ¿Un G77 Tecnológico contra el Dominio de Occidente?
La propuesta china es una respuesta directa a lo que percibe como un intento de Estados Unidos de monopolizar la tecnología y excluir a China del desarrollo de vanguardia. Las referencias del premier Li Qiang a los «cuellos de botella» en el suministro de chips y las «restricciones al intercambio de talentos» son una crítica velada pero inequívoca a las sanciones y controles de exportación de Washington .
El planteamiento de China de centrar la gobernanza de la IA en el marco de las Naciones Unidas es también una jugada estratégica. Contrapone un enfoque multilateral, donde tiene una influencia considerable, a las alianzas lideradas por Occidente, como las cumbres de seguridad de la IA, en las que se ha sentido marginada .
Este movimiento busca explotar una fractura geopolítica existente: la brecha digital. Al enmarcar la carrera de la IA no como una simple competencia entre EE.UU. y China, sino como una lucha por la equidad global frente al «colonialismo tecnológico», Pekín está intentando convertir la división digital en una división política. Ofrece a los países en desarrollo no solo tecnología a bajo costo y de código abierto, sino también un asiento en la mesa donde se escribirán las reglas del futuro .
El resultado podría ser una bifurcación del ecosistema global de IA: un bloque alineado con los estándares abiertos pero comercialmente dominados de Estados Unidos, y otro alineado con un marco influenciado por el estado chino, pero presentado como más equitativo. Esta es la nueva frontera de la rivalidad entre las grandes potencias, una contienda que se librará no con misiles, sino con algoritmos, datos y la batalla por definir el futuro de la inteligencia misma.
