El máximo órgano asesor político de China celebró este viernes una reunión de alto nivel para analizar la situación macroeconómica del país durante la primera mitad de 2025. El encuentro, liderado por figuras clave del Partido Comunista, se produce en un contexto de creciente preocupación por la desaceleración del gigante asiático, afectado por un «entorno internacional complejo» y una demanda interna débil.
Aunque los detalles de la discusión se mantienen en secreto, la sola convocatoria de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (CCPPC) para este fin es una señal de alerta. Confirma que los líderes en Beijing están buscando activamente nuevas medidas para estabilizar una economía cuyo desempeño es vital para la estabilidad global. Para México y América Latina, lo que se decida en esa sala tiene consecuencias directas.
Lo que Sucede Allá, Te Afecta Aquí
La conexión es simple y directa: China es el segundo socio comercial de gran parte de América Latina. Una desaceleración en su economía significa una menor demanda de las materias primas que la región exporta, desde el cobre chileno y peruano hasta la soja brasileña y argentina, e incluso productos manufacturados mexicanos.
Gráfico mostrando la evolución del PIB de China en los últimos trimestres, con una clara tendencia a la baja. O una imagen del Gran Salón del Pueblo en Beijing.
El análisis de la situación por parte de la cúpula china podría desembocar en varias acciones:
- Estímulos Fiscales: Inyección de dinero en infraestructura, lo que podría aumentar temporalmente la demanda de metales.
- Recortes de Tasas de Interés: Para incentivar el crédito y el consumo interno, una medida con efectos más lentos.
- Devaluación Controlada del Yuan: Una medida arriesgada que buscaría hacer sus exportaciones más baratas, pero que podría desatar una guerra de divisas y presionar al peso mexicano.
La Rivalidad Subyacente: EE.UU. vs. China
El «entorno internacional complejo» mencionado en los comunicados oficiales es un eufemismo para la intensa rivalidad comercial y tecnológica con Estados Unidos. Las tensiones geopolíticas, los aranceles y las restricciones a la exportación de tecnología (como los semiconductores) están pasando factura a la máquina económica china.
«China se enfrenta a un triple desafío: una crisis inmobiliaria que no cede, una confianza del consumidor por los suelos y una presión externa de Occidente que busca limitar su desarrollo tecnológico. La era del crecimiento de dos dígitos terminó», explica un analista económico de una consultora en Hong Kong.
Para México, este escenario es un arma de doble filo. Por un lado, la desaceleración de su competidor asiático puede ser perjudicial. Por otro, la estrategia de nearshoring (la relocalización de cadenas de suministro más cerca de EE.UU.) posiciona a México como un beneficiario potencial de las empresas que buscan reducir su dependencia de China. Entender los movimientos de Beijing es clave para navegar las turbulentas aguas de la economía global del siglo XXI.
