Barcelona presenta un plan contundente para frenar la masificación turística y la gentrificación, limitando hoteles, cruceros e imponiendo nuevas tasas. Descubre cómo cambiará la ciudad.
El Ayuntamiento de Barcelona ha desvelado hoy, 10 de junio de 2025, un ambicioso y polémico plan estratégico denominado «Barcelona Respira», diseñado para reconducir su modelo turístico. Las medidas incluyen una moratoria indefinida a nuevas licencias hoteleras en el centro, una reducción progresiva de la llegada de cruceros y un nuevo impuesto a los alquileres turísticos destinado a combatir la gentrificación.
La ciudad de Barcelona, uno de los destinos turísticos más populares del mundo, ha decidido tomar medidas drásticas para atajar los efectos negativos de la masificación que, según el consistorio, están ahogando la vida de sus barrios y expulsando a sus residentes. El plan «Barcelona Respira» busca un cambio de paradigma, priorizando la sostenibilidad y la calidad de vida de los barceloneses.
Medidas clave del Plan «Barcelona Respira»: Un antes y un después
El paquete de medidas presentado por la Alcaldesa (o Alcalde hipotético) es contundente y afectará a varios pilares del sector turístico:
* Moratoria hotelera indefinida: Se prohíbe la concesión de nuevas licencias para hoteles, hostales y cualquier tipo de alojamiento turístico en las zonas más tensionadas de la ciudad, como Ciutat Vella, Eixample y Gràcia. Solo se permitirán nuevos establecimientos en áreas periféricas designadas y bajo estrictas condiciones.
* Reducción de cruceros: Se establece un plan progresivo para limitar el número de cruceros y cruceristas que llegan al Puerto de Barcelona. Se negociarán cuotas con las navieras y se aumentarán las tasas portuarias para los buques más contaminantes y de mayor capacidad. El objetivo es reducir el impacto ambiental y la congestión en las zonas cercanas al puerto.
* Impuesto “anti-gentrificación» a alquileres turísticos: Se creará una nueva tasa municipal que gravará los pisos turísticos legales. La recaudación de este impuesto se destinará íntegramente a un fondo para la adquisición de vivienda para alquiler social, la rehabilitación de edificios en barrios vulnerables y ayudas para jóvenes y familias con dificultades para acceder a una vivienda en la ciudad.
* Promoción de turismo de calidad y descentralizado: Se potenciarán estrategias para atraer un turismo de mayor valor añadido, interesado en la cultura, la gastronomía y experiencias auténticas, y se incentivará la visita a zonas menos conocidas de la ciudad para descongestionar el centro.
Justificación del ayuntamiento: «Recuperar la ciudad para sus habitantes»
La Alcaldesa (o Alcalde) ha defendido el plan como una «necesidad urgente» para evitar que Barcelona «muera de éxito». En su comparecencia, ha presentado datos sobre el aumento descontrolado de los precios del alquiler, la saturación de los servicios públicos, el cierre del comercio tradicional y el deterioro de la convivencia vecinal en las zonas más turísticas.
«No estamos en contra del turismo, que es una fuente de riqueza y empleo, sino de un modelo depredador que expulsa a nuestros vecinos, precariza el trabajo y degrada nuestro patrimonio y nuestro medio ambiente. Barcelona debe ser, ante todo, una ciudad para vivir, no solo para visitar», ha sentenciado.
Reacciones del sector turístico y la oposición: preocupación y críticas
Las reacciones no se han hecho esperar. El Gremio de Hoteles de Barcelona ha calificado la moratoria de «decretazo ideológico» que frenará la inversión y la creación de empleo. Las asociaciones de apartamentos turísticos advierten de un posible aumento de la oferta ilegal. El sector crucerista ha expresado su «profunda preocupación» y ha solicitado diálogo para evitar medidas «unilaterales».
Desde la oposición municipal y autonómica, se acusa al gobierno local de «turismofobia» y de poner en riesgo uno de los principales motores económicos de Cataluña. Argumentan que las medidas son «electoralistas» y que no solucionarán los problemas de fondo de la vivienda o la gestión de los servicios públicos.
Impacto esperado y debate ciudadano: ¿Solución o problema mayor?
El debate está servido en la calle. Mientras algunas asociaciones vecinales y plataformas por el derecho a la vivienda han celebrado el plan como un «paso valiente y necesario», otros colectivos, como comerciantes de zonas turísticas y trabajadores del sector, temen por el impacto en sus negocios y empleos.
Los economistas analizan con cautela las posibles consecuencias. A corto plazo, podría haber una contracción de la actividad turística y una reconfiguración del sector. A largo plazo, el Ayuntamiento espera un modelo más sostenible y equilibrado, pero el éxito dependerá de la correcta implementación de las medidas y de la capacidad de la ciudad para reinventar su oferta turística.
La decisión de Barcelona podría marcar un punto de inflexión en la gestión del turismo urbano a nivel europeo. Ciudades como Venecia, Ámsterdam o Lisboa, que enfrentan desafíos similares de masificación, observarán con atención los resultados de este plan. Si Barcelona logra reequilibrar su modelo sin un coste económico y social desmesurado, podría inspirar a otras a tomar caminos parecidos. Por el contrario, un fracaso podría servir de advertencia. Se abre un debate sobre si estamos entrando en una era de «decrecimiento turístico» selectivo en los destinos más tensionados.
Este plan pone de manifiesto la tensión inherente entre el desarrollo económico impulsado por el turismo y la preservación de la calidad de vida urbana para los residentes. El turismo es vital para la economía barcelonesa, pero su exceso puede degradar el tejido social y urbano. Encontrar el «punto óptimo» es un desafío complejo y políticamente contencioso, que obliga a preguntarse qué tipo de ciudad desean sus habitantes y quién tiene la legitimidad para decidirlo.
En cuanto a la gentrificación, el plan la vincula directamente al auge de los alquileres turísticos. Si bien existe una correlación innegable, la gentrificación es un fenómeno multifactorial que también responde a la inversión inmobiliaria general, las políticas urbanísticas previas y los cambios socioeconómicos. Un impuesto a los alquileres turísticos puede ser una herramienta, pero su efectividad para revertir o mitigar significativamente la gentrificación dependerá de su diseño, de la cuantía recaudada y, crucialmente, de que se complemente con políticas de vivienda más amplias y estructurales.
