Huelga de hambre extrema: una protesta que pone el cuerpo como último recurso

Tres activistas de Acción Palestina superan los límites médicos de ayuno mientras denuncian detención injusta y riesgo crítico para sus vidas.

Huelga de hambre extrema: una protesta que pone el cuerpo como último recurso
Huelga de hambre extrema: una protesta que pone el cuerpo como último recurso

La huelga de hambre extrema emprendida por activistas del grupo británico Acción Palestina ha cruzado un umbral que ya no es solo político o judicial, sino profundamente humano. Cuando el cuerpo comienza a fallar y los límites médicos de supervivencia son superados, la protesta deja de ser simbólica y se convierte en una carrera contra el tiempo.

Heba Muraisi y Kamran Ahmed llevan más de dos meses sin ingerir alimentos, con 70 y 63 días de ayuno respectivamente. Un tercer activista, Lewie Chiaramello, diagnosticado con diabetes tipo 1, se ha sumado mediante ayunos intermitentes. Los tres permanecen detenidos en distintas prisiones del Reino Unido y niegan los cargos que enfrentan.

Lo que comenzó como una acción de presión política se ha transformado en una alerta sanitaria y de derechos humanos que ya genera preocupación entre especialistas médicos, organizaciones civiles y observadores internacionales.

Quiénes son los activistas y por qué protestan

Los detenidos forman parte de Acción Palestina, un grupo activista conocido por realizar acciones directas contra instalaciones vinculadas a la empresa israelí de defensa Elbit Systems, así como contra una base de la Real Fuerza Aérea británica. Las autoridades los acusan de delitos relacionados con daños a la propiedad e interferencia en infraestructuras estratégicas.

Los activistas, sin embargo, sostienen que se trata de un proceso judicial desproporcionado y politizado. Entre sus exigencias se encuentran la libertad bajo fianza, el derecho a un juicio justo, la revocación de la designación de Acción Palestina como “organización terrorista” y el fin de las restricciones a las comunicaciones dentro de prisión.

Inicialmente, ocho personas se sumaron a la protesta, pero cinco abandonaron la huelga por razones médicas, lo que subraya la gravedad física del ayuno prolongado.

El límite médico de una huelga de hambre

Especialistas en salud advierten que el cuerpo humano puede sobrevivir sin alimentos, en promedio, entre 45 y 61 días, dependiendo de factores como hidratación, reservas corporales y condiciones de salud previas. Superado ese periodo, el organismo entra en una fase crítica.

En una huelga de hambre extrema, el cuerpo agota primero las reservas de glucosa y grasa. Posteriormente, comienza a consumir tejido muscular para producir energía. El metabolismo se ralentiza de forma drástica y funciones esenciales empiezan a deteriorarse.

Los riñones pierden eficiencia, el sistema inmunitario se debilita y la capacidad del cuerpo para regular la temperatura se ve comprometida. En fases avanzadas, el corazón y los pulmones también se ven afectados, incrementando exponencialmente el riesgo de muerte súbita.

Cuando el ayuno se convierte en riesgo vital

A mitad de una huelga de hambre prolongada, el daño ya no siempre es reversible. Los médicos señalan que incluso si la persona vuelve a alimentarse, pueden persistir secuelas graves, como fallos orgánicos, arritmias cardíacas o daños neurológicos.

En el caso de personas con enfermedades crónicas, como la diabetes tipo 1, el riesgo es aún mayor. La falta de una ingesta regular puede provocar hipoglucemias severas, descompensaciones metabólicas y episodios potencialmente fatales.

Por ello, la situación de los activistas ha encendido alarmas sobre la responsabilidad del Estado en la protección de la vida de personas bajo custodia.

La huelga de hambre extrema como herramienta política

Históricamente, la huelga de hambre ha sido utilizada como último recurso por personas privadas de la libertad que consideran agotadas todas las vías legales. Desde movimientos anticoloniales hasta protestas carcelarias contemporáneas, el cuerpo se convierte en el único espacio de resistencia disponible.

Sin embargo, cuando la protesta alcanza niveles críticos, surge un dilema ético y legal: ¿hasta dónde puede el Estado permitir que una persona detenida ponga su vida en riesgo como forma de presión política?

En el Reino Unido, este debate se reabre con fuerza ante un caso que ya no puede ignorarse por su gravedad médica.

Impacto internacional y presión pública

La situación ha sido documentada por medios internacionales y organizaciones de derechos humanos, que advierten sobre posibles violaciones a estándares básicos de trato a personas privadas de la libertad. La presión pública aumenta a medida que pasan los días y los informes médicos se vuelven más alarmantes.

Más allá del caso concreto, la huelga de hambre extrema de los activistas de Acción Palestina plantea preguntas incómodas sobre el equilibrio entre seguridad, justicia y derechos fundamentales en democracias occidentales.

Un desenlace aún incierto

Cada día que pasa sin una solución eleva el riesgo de un desenlace irreversible. Mientras las autoridades mantienen su postura judicial, los cuerpos de los activistas continúan debilitándose, convirtiendo esta protesta en una de las más prolongadas y peligrosas registradas recientemente en el Reino Unido.

La huelga de hambre extrema ya no es solo un acto de denuncia, sino un espejo que refleja los límites del sistema y el costo humano de la confrontación política cuando el diálogo se rompe.

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