Los ataques a instalaciones petroleras en Medio Oriente han escalado en las últimas semanas y ya comienzan a reflejarse más allá del conflicto. Refinerías y yacimientos clave en países como Irán, Arabia Saudita y Catar han sido blanco de ofensivas que afectan directamente la producción de combustibles.
El conflicto se intensificó desde el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra instalaciones iraníes. Desde entonces, la respuesta ha incluido ofensivas con drones y nuevos impactos en puntos estratégicos de energía.
Hasta el 19 de marzo, los ataques se han extendido a distintos complejos industriales clave, elevando el riesgo de interrupciones en el suministro de petróleo y gas, lo que ya presiona los precios internacionales.
Refinerías y yacimientos bajo fuego
Uno de los ataques más recientes ocurrió en Yanbu, en Arabia Saudita, donde un dron impactó la refinería Samref, una instalación con capacidad de más de 400 mil barriles diarios. Esta planta, operada por el gigante Saudi Aramco junto a ExxonMobil, es clave para exportaciones fuera del estrecho de Ormuz.
En Ras Lafan, uno de los mayores centros de gas natural licuado del mundo, se han reportado daños considerables tras ataques iraníes. Incendios recientes evidencian la vulnerabilidad de estas infraestructuras críticas.
El yacimiento South Pars-North Dome, compartido entre Irán y Catar, también ha sido escenario de ofensivas. Se trata de la mayor reserva de gas natural del planeta, fundamental para el suministro energético de la región.
Otro punto es la isla de Jark, en Irán, desde donde sale cerca del 90% de sus exportaciones de crudo. Esta instalación fue atacada días antes, elevando la preocupación por posibles interrupciones en el flujo de petróleo.
A esto se suman ataques en Ras Tanura, Arabia Saudita, y en la refinería de Ruwais, en Emiratos Árabes Unidos, una de las más grandes del mundo. Este patrón muestra que los ataques no son aislados, sino parte de una estrategia que impacta directamente la producción energética global.

El estrecho de Ormuz
El riesgo aumenta por la tensión en el estrecho de Ormuz, una vía por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial. Las amenazas de bloqueo por parte de Irán han encendido las alarmas internacionales.
El expresidente Donald Trump advirtió que podría haber más ataques si continúan las restricciones en esta ruta. Esto eleva el riesgo de una escalada mayor que impacte directamente el suministro global.
¿Por qué estos ataques encarecen el petróleo?
Cuando instalaciones clave son atacadas o amenazadas, el mercado reacciona de inmediato. Menor producción o riesgo de interrupción implica menor oferta, lo que eleva el precio del barril.
En este contexto, el crudo ha superado los 100 dólares y podría acercarse a los 120, niveles que históricamente han generado presión económica a nivel global.
No se trata solo de producción, sino de incertidumbre. Los mercados anticipan posibles escaseces, lo que dispara los precios incluso antes de que haya una afectación real en el suministro.
Gasolina más cara en México
El impacto más directo se observa en los combustibles. Cuando sube el petróleo, también aumentan los costos de importación y refinación de gasolina en México.
Aunque el gobierno puede intervenir mediante el IEPS para contener el alza, este mecanismo no elimina el costo, solo lo traslada a las finanzas públicas. Es decir, si no sube la gasolina de inmediato, el impacto aparece en menor gasto en otros rubros.
Además, los impuestos representan entre el 34% y 40% del precio final del combustible, lo que amplifica cualquier incremento internacional.
Efecto dominó: alimentos y transporte
El encarecimiento del petróleo no se queda en la gasolina. También impacta el transporte de mercancías, lo que eleva los costos de alimentos y productos básicos.
Este fenómeno, conocido como inflación importada, afecta directamente al consumidor. Transportar productos cuesta más, y ese incremento se refleja en el precio final.
El sector logístico es especialmente vulnerable, ya que el combustible puede representar hasta el 40% de sus costos. Esto encarece envíos, comercio electrónico y transporte público.

Menos dinero en el bolsillo
Para las familias, el efecto es claro: menor poder adquisitivo. El aumento en gasolina, alimentos y servicios obliga a destinar más dinero a necesidades básicas.
Esto reduce el gasto en entretenimiento, viajes o compras no esenciales, impactando sectores clave de la economía.
Además, si la inflación se mantiene elevada, el banco central puede ajustar tasas de interés, encareciendo créditos y afectando decisiones financieras de millones de personas.
Aunque el conflicto ocurre a miles de kilómetros, sus efectos se sienten en México. El precio del petróleo sigue siendo uno de los factores más influyentes en la economía diaria. Lo que ocurre en refinerías de Medio Oriente termina reflejándose en el costo de llenar el tanque, en el precio de los alimentos y en el dinero disponible al final del mes.


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