En un laboratorio de la Universidad de Buenos Aires, un equipo de científicos liderado por el doctor Eduardo Cánepa analiza lo que para muchos parecería insignificante: una muestra de saliva. Pero en ese líquido cotidiano se esconde un potencial revolucionario para detectar y probar científicamente el maltrato infantil.
La violencia hacia niños y niñas suele dejar cicatrices invisibles. Ahora, gracias al estudio de biomarcadores epigenéticos, esas huellas podrían ser visibles no solo para la ciencia, sino también para la justicia.
Storytelling: una muestra que puede cambiar vidas
Sofía tenía seis años cuando llegó al Hospital Elizalde. No hablaba mucho, pero su comportamiento era errático. No había golpes, no había gritos grabados, pero había algo que no encajaba. El equipo médico sospechaba maltrato. El problema: no había pruebas concretas.
Gracias a este proyecto de la UBA, una simple muestra de saliva podría ser suficiente para confirmar sospechas de violencia y comenzar un tratamiento adecuado, sin esperar a que el daño sea irreversible.
¿Qué son los biomarcadores epigenéticos y por qué importan?
La epigenética estudia modificaciones químicas en el ADN que no cambian su secuencia, pero sí su expresión. En contextos de abuso, el cuerpo activa genes asociados al estrés, ansiedad o miedo. Estas marcas pueden ser leídas, interpretadas y vinculadas a situaciones traumáticas.
El método desarrollado por la UBA se basa en detectar esas marcas en la saliva. De esta forma, se obtiene una evidencia objetiva y medible que puede:
- Confirmar un diagnóstico de abuso
- Monitorear la evolución del paciente
- Aportar pruebas ante la justicia
Un proyecto interdisciplinario y único en Latinoamérica
El trabajo se realiza en colaboración con el Hospital Elizalde, donde profesionales en salud mental infantil abordan los casos clínicamente, mientras el equipo científico analiza las muestras. La metodología no solo es innovadora, es pionera en Argentina y adaptada a la realidad local.
“El cuerpo no miente”, asegura Cánepa. “Queremos ver si el ADN puede hablarnos del sufrimiento, incluso cuando los chicos no pueden hacerlo”.
Impacto judicial y protección de derechos
El valor de este avance va más allá de la ciencia: puede transformar el sistema judicial infantil. Las pruebas epigenéticas podrían respaldar testimonios o descubrir situaciones donde el abuso permanece oculto por miedo, manipulación o silencio.
En casos sin pruebas visibles, estas marcas podrían ser la diferencia entre salvar a un niño o no detectarlo a tiempo.
Ciencia local para realidades locales
Aunque existen estudios similares en Canadá o Francia, las particularidades genéticas y sociales de Argentina requieren investigaciones propias. “Los patrones de violencia y la biología de nuestras poblaciones son diferentes. No podemos importar datos, tenemos que producirlos”, afirma el equipo.
Este proyecto no solo visibiliza el problema del maltrato infantil, también posiciona a Argentina como un referente en ciencia aplicada a los derechos humanos.
Desafíos actuales y próximos pasos
Hoy, las muestras deben ser enviadas al exterior para su análisis. Esto encarece y ralentiza el proceso. El objetivo a mediano plazo es lograr autonomía tecnológica y acelerar el diagnóstico.Para 2026, el equipo espera contar con la validación completa del método y comenzar su aplicación clínica y judicial.


TE PODRÍA INTERESAR