La economía japonesa ha recibido un duro golpe. El país registró un significativo déficit comercial en mayo, impulsado por una caída de casi el 25% en las exportaciones de automóviles a Estados Unidos, una consecuencia directa de los aranceles impuestos por la administración Trump.
La política económica proteccionista de Estados Unidos está dejando una profunda cicatriz en uno de sus aliados más cercanos. Los datos comerciales de Japón para el mes de mayo revelaron una dolorosa realidad: los aranceles sobre los automóviles han provocado un desplome en las exportaciones, empujando la balanza comercial del país a números rojos y generando una creciente frustración tanto en el gobierno como en la poderosa industria automotriz.
Cifras de Mayo Revelan el Impacto Directo de los Aranceles
El Ministerio de Finanzas de Japón informó el miércoles que el país registró un déficit comercial de 637.6 mil millones de yenes (aproximadamente 4.4 mil millones de dólares) en mayo, marcando el segundo mes consecutivo de números negativos.
La causa principal de este resultado es inequívoca:
* Las exportaciones de automóviles a Estados Unidos se desplomaron casi un 25% en comparación con el mismo mes del año anterior.
* En total, las exportaciones generales a Estados Unidos cayeron alrededor de un 11%.
Este colapso es una consecuencia directa del arancel adicional del 25% que la administración del presidente Donald Trump ha impuesto a los vehículos japoneses, una medida que ha golpeado el corazón de la economía nipona.
La Industria Automotriz Pide Ayuda y el Gobierno Expresa Frustración
La reacción no se ha hecho esperar. La industria automotriz, un pilar fundamental de la economía japonesa, ha levantado la voz. La Asociación de Fabricantes de Automóviles de Japón (JAMA), que representa a gigantes como Toyota, Honda y Nissan, ha hecho un llamado urgente al gobierno para que intervenga y negocie una solución.
«Si la administración Trump aplica estos fuertes impuestos a las importaciones de vehículos y partes de Japón, perjudicará no solo a nuestra industria sino también a las economías de ambos países», advirtió JAMA en un comunicado.
Ejecutivos de alto nivel de Toyota, Honda y Nissan se reunieron con el Ministro de Comercio e Industria para expresar su preocupación, subrayando que es imposible para ellos absorber estos costos sin trasladarlos a los consumidores estadounidenses, lo que afectaría su competitividad.
El gobierno japonés comparte esta frustración. Tras la reciente cumbre del G7, el Primer Ministro Shigeru Ishiba admitió públicamente que «persisten los desacuerdos» con Estados Unidos sobre el tema de los aranceles, a pesar de los esfuerzos diplomáticos. Tokio ha insistido en que sus empresas son grandes inversoras y creadoras de empleo en EE.UU., un argumento que, hasta ahora, no ha logrado torcer la política de «América Primero» de Washington.
Los aranceles están explotando con éxito una vulnerabilidad clave del modelo económico japonés, colocando a un aliado estratégico en una posición económica insostenible y demostrando que ni siquiera las alianzas de seguridad más estrechas otorgan inmunidad económica.


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