Los animales heridos por incendios no aparecen en los balances oficiales ni encabezan los reportes de emergencia, pero su sufrimiento es real y urgente. En la localidad de Lirquén, en el centro-sur de Chile, una pequeña camioneta convertida en clínica veterinaria móvil se ha transformado en un símbolo de resistencia y compasión en medio de la tragedia.
Mientras los incendios forestales arrasaron cerca del 80 por ciento de la ciudad y dejaron decenas de víctimas humanas a nivel nacional, cientos de mascotas quedaron atrapadas entre escombros, cenizas y gases tóxicos. Para ellas, cada minuto cuenta.
Una clínica móvil en el corazón de la zona cero
Dentro del vehículo, veterinarios de la brigada canina de la Policía de Investigaciones y voluntarios trabajan sin descanso. Perros, gatos y otros animales llegan deshidratados, con quemaduras en patas, bigotes chamuscados y severos problemas respiratorios.
“Muchos sobreviven al fuego, pero no a los días posteriores”, explica Angiella Scalpello, veterinaria del escuadrón canino. La inhalación de gases tóxicos, la falta de agua y las heridas abiertas convierten cada rescate en una carrera contra el tiempo.
Esta clínica móvil no es solo un espacio de atención médica: es un punto de encuentro entre la urgencia, el dolor y la esperanza.
Los animales que nadie vio huir
Uno de los patrones más comunes entre los animales heridos por incendios es su instinto de esconderse. Los gatos, por ejemplo, suelen refugiarse en rincones mínimos: debajo de restos de muebles, dentro de muros colapsados o entre estructuras metálicas retorcidas por el calor.
“Encontramos muchos gatos días después, vivos, pero en estado crítico”, señala el veterinario Juan Vivanco. Han pasado jornadas enteras sin agua ni comida, rodeados de ceniza y humo, esperando sin saber si alguien regresará por ellos.
Primeros auxilios entre cenizas y humo
Al llegar a la unidad móvil, cada animal pasa por un protocolo básico pero vital: revisión de signos vitales, hidratación intravenosa, limpieza de heridas y tratamiento ocular para la conjuntivitis provocada por el humo.
Los casos más graves son trasladados de inmediato a hospitales veterinarios especializados. Cachorros con quemaduras severas, gatos con extremidades dañadas y animales en shock térmico forman parte del día a día del equipo.
A mitad de esta emergencia, los animales heridos por incendios siguen llegando, incluso cuando el fuego ya está bajo control. La tragedia no termina cuando las llamas se apagan.
El impacto emocional del rescate animal
Para los voluntarios, la carga emocional es tan pesada como el trabajo físico. Vanessa Morales, una de las rescatistas, recuerda especialmente a un gato con las cuatro patas y la cola quemadas.
“Ese caso nos marcó a todos”, dice. “Lo llevamos de inmediato a un centro de emergencias, pero cada rescate te deja algo dentro”.
Salvar animales no solo alivia su sufrimiento; también ayuda a las comunidades a sanar. Para muchas familias, reencontrarse con su mascota es uno de los pocos consuelos tras perderlo todo.
Una crisis que va más allá del fuego
Los incendios en Chile evidencian una realidad que se repite en distintos países: los planes de emergencia rara vez contemplan a los animales domésticos. Sin protocolos claros, su supervivencia depende casi por completo del voluntariado y la solidaridad.
Este tipo de clínicas móviles demuestra que la respuesta a desastres puede y debe incluir a todos los seres vivos afectados. No se trata solo de compasión, sino de salud pública y reconstrucción social.
Lo que viene después del incendio
Aunque el fuego ya no avanza en Lirquén, el trabajo continúa. Con la remoción de escombros, se espera encontrar más mascotas en los próximos días. Sin atención inmediata, sus probabilidades de sobrevivir disminuyen drásticamente.
Por eso, el llamado de los veterinarios es claro: no olvidar a los animales heridos por incendios cuando las cámaras se apagan y la atención mediática se desplaza a otros temas.
Una lección desde las cenizas
En medio de una de las peores tragedias ambientales recientes, esta clínica móvil recuerda algo esencial: la reconstrucción no empieza con edificios, sino con vidas. Cada animal rescatado es una pequeña victoria frente a la devastación.
Al final, la historia de los animales heridos por incendios en Chile es también una historia de humanidad, empatía y compromiso colectivo que persiste incluso cuando todo parece reducido a cenizas.


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