¿Accidente o provocación? Pesquero chino encalla en isla filipina

¿Accidente o provocación? Pesquero chino encalla en isla filipina

Un barco pesquero chino encalló en medio de una tormenta a menos de tres kilómetros de una isla ocupada por Filipinas en el disputado Mar de China Meridional, desatando una alerta máxima y poniendo de relieve las tácticas de «zona gris» que Pekín utiliza para afirmar su soberanía.

Un incidente aparentemente menor ha elevado la tensión a un nuevo nivel en las aguas más disputadas del planeta. El pasado 8 de junio, un buque pesquero de bandera china encalló en aguas poco profundas cerca de la isla Thitu, la más grande de las nueve ocupadas por Filipinas en el archipiélago de las Spratly. El evento, que ocurrió durante una fuerte tormenta, movilizó de inmediato a las fuerzas filipinas y ha sido interpretado por analistas como un ejemplo perfecto de la guerra psicológica y las tácticas de «zona gris» empleadas por China.

El barco quedó varado a solo 2.7 kilómetros (1.5 millas náuticas) del pueblo filipino en Thitu, una proximidad que los residentes locales consideraron alarmante. Inmediatamente notificaron a la Guardia Costera y al Ejército filipino, quienes se desplegaron para ofrecer asistencia, de acuerdo con las leyes marítimas internacionales.

¿Un simple accidente o una maniobra calculada?

Aunque la causa oficial del encallamiento fue el mal tiempo, la naturaleza del buque y el contexto de la región siembran dudas. Expertos militares señalan que el pesquero tiene características similares a los barcos que conforman la Milicia Marítima de China, una fuerza paraestatal de miles de embarcaciones que Pekín utiliza para intimidar, vigilar y afirmar sus reclamos territoriales sin necesidad de involucrar a su armada formal.

Estos barcos, aunque oficialmente civiles, actúan en coordinación con la Guardia Costera y la Armada china. Su función es crear una presencia constante y abrumadora en aguas disputadas, hostigando a los pescadores de otros países y desafiando la soberanía de naciones como Filipinas, Vietnam y Malasia.

 El coronel Xerxes Trinidad, de las Fuerzas Armadas de Filipinas, declaró que aunque sus tropas «siempre están en alerta», el incidente fue tratado como un posible accidente. Sin embargo, la presencia de este tipo de barcos tan cerca de una instalación filipina clave es una fuente constante de preocupación. Antes de que las fuerzas filipinas pudieran prestar ayuda, otras embarcaciones chinas llegaron al lugar y remolcaron al barco encallado.

Un patrón de agresión constante

Este suceso no puede analizarse de forma aislada. Ocurre en un contexto de agresiones cada vez más directas por parte de China en el Mar Meridional. En los últimos meses, la Guardia Costera china ha sido acusada de provocar colisiones deliberadas con buques de reabastecimiento filipinos y de utilizar potentes cañones de agua contra sus tripulaciones, hiriendo a varios marineros.

   «Se preocuparon porque los chinos estaban muy cerca, pero realmente fueron el fuerte viento y las olas los que causaron que el barco encallara.» – Oficial local filipino a The Associated Press.

 Estos actos de «zona gris» están diseñados para alcanzar objetivos estratégicos sin cruzar el umbral de un acto de guerra formal. Al utilizar barcos de la guardia costera o de la milicia, China mantiene una plausible deniabilidad, calificando las colisiones como «maniobras ilegales» de la otra parte o los encallamientos como simples «accidentes».

Esta estrategia genera un dilema para Filipinas y sus aliados, como Estados Unidos. Responder con fuerza a un «barco pesquero» podría ser visto como una escalada desproporcionada, pero no hacer nada permite que China normalice su presencia en aguas que no le pertenecen según el derecho internacional. Un fallo de la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya en 2016 desestimó los reclamos históricos de China sobre el 90% del Mar Meridional, pero Pekín ha ignorado por completo la sentencia.

El encallamiento en la isla Thitu, ya sea intencionado o no, sirve a los propósitos de China: mantiene a las fuerzas filipinas en un estado de alerta agotador, pone a prueba sus tiempos de respuesta, intimida a la población local y refuerza la idea de que la presencia china en la zona es inevitable. Es una guerra de desgaste que se libra cada día en las aguas más importantes para el comercio mundial.

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