Barcos de China y Filipinas colisionan en el Mar de China Meridional. Acusaciones de embestidas intencionales y uso de cañones de agua. Descubre por qué te importa.
La tensión en el Mar de China Meridional escaló a un nivel físico con la colisión de barcos de la guardia costera de China y Filipinas. Ambos países se acusan mutuamente de provocar el incidente, en lo que representa la quinta confrontación directa en un solo mes.
El Mar de China Meridional se ha convertido en el escenario de una escalada de confrontaciones físicas que amenaza con desestabilizar una de las rutas comerciales más importantes del mundo. En un reciente y grave incidente, buques de la guardia costera de China y Filipinas se acusaron mutuamente de embestidas intencionales cerca del Sabina Shoal, marcando un peligroso punto de inflexión en las disputas territoriales de la región.
Este no es un hecho aislado. Según informes, se trata de la quinta confrontación marítima en el último mes, lo que evidencia una campaña de presión sostenida y cada vez más agresiva por parte de Pekín. La estrategia china parece haber pasado de las advertencias verbales y el uso de láseres a tácticas de confrontación directa que ponen en riesgo la vida de las tripulaciones y la integridad de las embarcaciones.
La batalla de narrativas en altamar
Los detalles del último enfrentamiento pintan un cuadro de caos y acusaciones cruzadas. La Guardia Costera de Filipinas declaró que el buque chino 5205 «embistió directa e intencionalmente» a su embarcación sin provocación alguna, causando daños materiales. Manila ha documentado y denunciado repetidamente el uso de potentes cañones de agua por parte de los buques chinos contra sus barcos de investigación y pesqueros, acciones que han provocado daños estructurales significativos.
«Vehementemente condenamos las acciones ilegales y agresivas llevadas a cabo por la guardia costera china y la milicia marítima china contra los buques civiles», declaró un grupo de trabajo del gobierno filipino, exigiendo a Pekín el cese inmediato de estas actividades.
Por su parte, China presenta una versión completamente opuesta de los hechos. Un portavoz de la Guardia Costera china afirmó que un barco filipino «embistió deliberadamente» a un buque chino después de haber «encallado ilegalmente» en el atolón. Pekín sostiene que las embarcaciones filipinas ingresaron ilegalmente a sus aguas, ignoraron las advertencias y que sus fuerzas están simplemente aplicando la ley para salvaguardar su soberanía territorial.
China reclama la soberanía sobre casi la totalidad del Mar de China Meridional, ignorando un fallo de 2016 de la Corte Permanente de Arbitraje que determinó que sus reclamos no tenían base legal, una decisión que Pekín rechaza categóricamente.
Una estrategia de presión calculada
La táctica empleada por China, utilizando su guardia costera en lugar de la armada, es vista por analistas como una clásica «guerra de zona gris». Esta estrategia busca intimidar y afirmar el control sobre las aguas en disputa sin provocar una respuesta militar formal que podría desencadenar conflictos mayores. Al mantener una apariencia de «aplicación de la ley», Pekín pone a prueba constantemente los límites de la tolerancia de Filipinas y sus aliados.
La frecuencia y la intensidad de estos incidentes sugieren una campaña deliberada para desgastar la resolución de Manila. A pesar de la intimidación, el gobierno filipino ha manifestado su firme determinación de continuar con sus misiones de abastecimiento a los puestos de avanzada en las islas disputadas, solidificando su postura de no ceder ante la coerción.
La comunidad internacional observa con creciente preocupación. La escalada de la confrontación física a embestidas y uso de cañones de agua representa un cambio cualitativo en la naturaleza del conflicto. Lo que antes eran disputas diplomáticas y maniobras de hostigamiento se han convertido en enfrentamientos directos que podrían, por accidente o por diseño, escalar a un conflicto armado con implicaciones globales.
