China cruza línea roja: portaaviones superan defensa de EE. UU.

Por primera vez, dos portaaviones chinos operan en el Pacífico profundo, cruzando una línea de defensa clave de EE. UU. Descubre por qué esto cambia el poder naval.

La marina china ha ejecutado una maniobra naval sin precedentes, desplegando simultáneamente dos de sus portaaviones en el Océano Pacífico y cruzando por primera vez la «segunda cadena de islas», una línea estratégica de defensa para Estados Unidos y sus aliados en la región.

En una demostración de fuerza que redefine el equilibrio de poder en el Océano Pacífico, China ha movilizado sus dos portaaviones operativos, el Liaoning y el Shandong, en operaciones simultáneas más allá de sus aguas territoriales, marcando un hito en su creciente capacidad militar. El evento más significativo fue el cruce del portaaviones Liaoning más allá de la «segunda cadena de islas», una barrera defensiva conceptual que se extiende desde Japón hasta Guam, un territorio estadounidense de vital importancia estratégica.

Este despliegue no es solo un ejercicio de entrenamiento; es una declaración geopolítica contundente. Hasta ahora, las incursiones de un único portaaviones chino en el Pacífico habían sido noticia, pero la operación coordinada de dos grupos de ataque y el cruce de esta línea de contención estadounidense representan una nueva fase en las ambiciones de Pekín.

Una Operación calculada en el Corazón del Pacífico

Según informes del Ministerio de Defensa de Japón, que ha seguido de cerca los movimientos, el portaaviones Shandong fue avistado operando junto a otros buques de guerra en la Zona Económica Exclusiva (ZEE) de Japón, cerca de la isla de Okinotorishima, a unos 1,700 kilómetros al sur de Tokio. Simultáneamente, el Liaoning fue detectado operando cerca de la isla de Minamitorishima, el punto más oriental de Japón, posicionándose efectivamente al este de la segunda cadena de islas, un área considerada históricamente como el patio trasero estratégico de la Marina de los Estados Unidos.

La operación incluyó el despegue y aterrizaje de aviones de combate J-15 y helicópteros desde ambas cubiertas, demostrando una capacidad para llevar a cabo operaciones aéreas complejas y sostenidas en alta mar, lejos de sus bases continentales. Esta capacidad es algo que solo un puñado de armadas en el mundo puede ejecutar con eficacia.

Reacciones en la Región: Preocupación y vigilancia

La respuesta de las potencias regionales no se hizo esperar. El Ministro de Defensa de Japón, Gen Nakatani, expresó públicamente la «preocupación» de su gobierno y afirmó que Tokio había comunicado sus inquietudes a la embajada china. En una declaración que subraya la gravedad del asunto, Nakatani señaló: «China aparentemente tiene como objetivo elevar la capacidad de sus dos portaaviones y avanzar en su capacidad operativa en el mar y el espacio aéreo distantes».

«China aparentemente tiene como objetivo elevar la capacidad de sus dos portaaviones y avanzar en su capacidad operativa en el mar y el espacio aéreo distantes.» – Gen Nakatani, Ministro de Defensa de Japón.

Por su parte, el gobierno de Taiwán, que vive bajo la amenaza constante de una posible invasión, calificó la maniobra como un claro «mensaje político». El Ministro de Defensa taiwanés, Wellington Koo, indicó que Pekín aprovecha cada oportunidad para expandir su alcance más allá de la primera cadena de islas y normalizar su presencia militar en zonas cada vez más lejanas.

La respuesta de China: «Entrenamiento de rutina»

Frente a las alarmas encendidas en Tokio y Taipéi, la respuesta oficial de Pekín fue mesurada y predecible. Tanto el Ministerio de Asuntos Exteriores como la Armada china calificaron el despliegue como parte de un «entrenamiento de rutina» en el Pacífico occidental, diseñado para «probar las capacidades de las fuerzas en defensa en mares lejanos y operaciones conjuntas».

Las autoridades chinas insistieron en que el despliegue se realizó en cumplimiento de las leyes internacionales y no estaba dirigido contra ningún país en particular. Sin embargo, esta narrativa de normalidad contrasta fuertemente con la naturaleza provocadora de la maniobra. El cruce de la segunda cadena de islas no es una ruta de tránsito habitual; es una línea simbólica y estratégica. Al superarla, China no solo demuestra que sus portaaviones pueden operar en las profundidades del Pacífico, sino que también puede desafiar directamente la arquitectura de seguridad liderada por Estados Unidos, que depende del control de estas vías marítimas para proteger activos clave como la base naval en Guam.

El mensaje subyacente es claro: las líneas de contención de la Guerra Fría ya no son barreras infranqueables para la Armada china. Pekín está señalando a Washington que su patio trasero ya no es exclusivo y que posee la capacidad de proyectar poder naval a una escala que antes era impensable.

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