Familias enfrentan nuevas barreras en su búsqueda por la verdad
En medio del dolor que arrastran desde hace años, familias en Veracruz que buscan a sus seres queridos desaparecidos enfrentan una nueva forma de silencio institucional: la prohibición de colocar fichas de búsqueda en espacios públicos y turísticos.
En municipios como Coatepec y otros reconocidos como Pueblos Mágicos, las autoridades locales han impedido a los colectivos colocar fotografías, nombres y datos de las personas desaparecidas en parques o plazas céntricas. En su lugar, los envían a las orillas de la ciudad, lejos de la mirada de los visitantes y del corazón de la comunidad.
Para quienes buscan a un hijo, una hija o un esposo, esta restricción se siente como una doble desaparición: la de sus seres amados y la de su derecho a ser vistos, escuchados y acompañados en su dolor.
“Nos mandan a la orilla, como si fuéramos invisibles”
Blanca Ríos Hernández lleva años buscando a su esposo, Luis Damián Pineda Medina, desaparecido en Veracruz. Su voz, firme pero cansada, refleja la frustración de cientos de mujeres que han convertido la búsqueda en una forma de resistencia.
“En los Pueblos Mágicos no nos dan permiso de poner nada, únicamente en las orillas”, denuncia Blanca. “No les quitaría nada darnos acceso a algo más visible que mandarnos a la orilla de la carretera”.
Su testimonio no es aislado. Decenas de familias en la misma situación aseguran que se enfrentan a trabas similares cuando intentan visibilizar a sus desaparecidos en espacios turísticos, como si el dolor manchara la imagen de los lugares más visitados del estado.
La falta de sensibilidad oficial, una herida abierta
Para Blanca y para los colectivos de búsqueda, esta actitud refleja una profunda falta de empatía por parte de las autoridades locales. “Desafortunadamente hay mucha gente insensible que no ha pasado por esto”, lamenta. “Sienten que estamos poniendo en mal a las localidades o los municipios, cuando nuestro objetivo es únicamente encontrar a nuestros seres queridos”.
Detrás de cada cartel hay una historia, una vida truncada y una familia que no deja de preguntar. Sin embargo, la burocracia, el miedo y la indiferencia parecen pesar más que la solidaridad o la justicia.
El trabajo incansable del Colectivo Solecito de Veracruz
A pesar de las restricciones y el desinterés institucional, colectivos como Solecito de Veracruz continúan su labor de búsqueda con determinación. Este grupo, conformado principalmente por madres, ha logrado recuperar restos humanos en fosas clandestinas y acompañar los procesos de identificación con las autoridades forenses.
Durante el presente año, el colectivo ha logrado la identificación de 12 personas, quienes finalmente fueron entregadas a sus familias. Cada entrega representa una mezcla de alivio y tristeza, una chispa de justicia en medio del horror.
“Seguimos recibiendo datos e información sobre posibles ubicaciones de fosas clandestinas. No paramos, aunque a veces parezca que el sistema nos quiere silenciar”, comenta Blanca.
La búsqueda como acto de amor y resistencia
Para los familiares, cada ficha de búsqueda no es solo un pedazo de papel, sino un grito de esperanza. Es la manera más sencilla y directa de decir: “aquí falta alguien, y no nos rendiremos hasta encontrarlo”.
El hecho de que se les prohíba ocupar espacios visibles no solo limita su derecho a la expresión, sino también su posibilidad de obtener información de la ciudadanía. Muchos hallazgos se han logrado gracias a personas que vieron una ficha pegada en una plaza, un poste o una parada de autobús.
Quitar esa visibilidad es también borrar una oportunidad de reencuentro.
Veracruz, una tierra herida que busca justicia
Veracruz continúa siendo uno de los estados con mayor número de personas desaparecidas en el país. Cada municipio guarda historias de familias que viven entre la esperanza y el dolor. Sin embargo, los obstáculos que enfrentan los colectivos muestran que, más allá de la violencia, también deben luchar contra la indiferencia.
El trabajo de búsqueda no solo ocurre en los campos o en los servicios forenses: también se libra en las calles, en los parques y en la memoria colectiva de un pueblo que no debe olvidar.
Un llamado a la empatía y la solidaridad social
El reclamo de las familias no es político ni económico. Es un llamado humano, urgente, para que la sociedad y las autoridades comprendan que detrás de cada nombre hay una vida que merece ser recordada y una familia que merece verdad y justicia.
Cada ficha que se coloca en un muro o en un parque no resta belleza a un lugar, la devuelve. Porque la verdadera belleza de una comunidad está en su capacidad de mirar de frente su dolor y acompañar a quienes sufren.
La esperanza de Blanca y de cientos de familias veracruzanas sigue en pie, como una llama que se niega a apagarse.


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