Sabores tamaleros llenaron de aromas, colores y memorias el Complejo Cultural Los Pinos en vísperas del Día de la Candelaria, una de las celebraciones gastronómicas más arraigadas de México. Desde temprana hora, el olor a maíz cocido, hojas de plátano y salsas tradicionales se extendió por los patios de un espacio que durante décadas estuvo reservado al poder presidencial y que hoy se transforma en punto de encuentro cultural y popular.

La celebración se dio en el marco de El Encuentro de Sabores Tamaleros, un evento que reunió a miles de visitantes atraídos por la promesa de más de 80 sabores de tamales, provenientes de nueve estados de la República, además de atole y otros antojitos elaborados a base de maíz. El ambiente fue el de una fiesta colectiva donde la comida funcionó como lenguaje común entre generaciones, regiones y costumbres.
Los Pinos se llena de aromas y tradición popular
Los patios de la plaza Jacarandas y el espacio Cencalli se convirtieron en un recorrido sensorial. Más de 40 puestos ofrecieron una amplia variedad de tamales, desde los más tradicionales hasta propuestas innovadoras que dialogan con nuevas formas de alimentación. El vapor que escapaba de las ollas marcaba el ritmo del recorrido y guiaba a los asistentes más que cualquier señalización.
Uno de los grandes protagonistas fue el zacahuil monumental de Hidalgo, preparado por la cocinera tradicional Grindelia Hernández, cuya presencia atrajo largas filas de visitantes interesados en probar uno de los tamales más emblemáticos del país. Su tamaño, textura y sabor representaron no sólo una experiencia culinaria, sino también una muestra viva de la cocina comunitaria.
Tamales de todo México y nuevas propuestas
La diversidad fue uno de los sellos del encuentro. Además de los clásicos tamales de mole, rajas, verde o dulce, hubo espacio para opciones menos comunes que despertaron la curiosidad del público. Desde Tlaxcala, Ignacio Mota presentó tamales con insectos comestibles, una propuesta que reivindica ingredientes ancestrales y prácticas alimentarias prehispánicas.
También destacaron alternativas vegetarianas y veganas, como tamales de setas, frijol con queso vegetal, así como versiones dulces elaboradas con zarzamora, chocolate y otros ingredientes locales. Estas opciones mostraron cómo la tradición puede adaptarse sin perder su esencia, dialogando con nuevas demandas y estilos de vida.

La gastronomía como memoria colectiva
Más allá del aspecto culinario, El Encuentro de Sabores Tamaleros funcionó como un espacio de memoria y transmisión cultural. Cada receta compartida llevaba consigo historias de comunidades, familias y regiones enteras. Para muchos de los cocineros y cocineras participantes, el evento representó una oportunidad para mantener vivas las tradiciones heredadas de sus abuelas y madres, así como para fortalecer los lazos con sus lugares de origen.
Entre risas, refranes y conversaciones espontáneas, familias, parejas y grupos de amigos recorrieron el recinto, confirmando que el tamal sigue siendo un símbolo de reunión y celebración. La experiencia no se limitó al acto de comer, sino que incluyó el acto de compartir, escuchar y recordar.
El Día de la Candelaria como punto de encuentro
La elección de la víspera del Día de la Candelaria no fue casual. Esta fecha marca el cierre simbólico del ciclo de celebraciones iniciado con la Rosca de Reyes y refuerza la importancia del tamal como elemento central de la cultura mexicana. En este contexto, Los Pinos se reafirmó como un espacio abierto a las expresiones populares y a la resignificación de las tradiciones.
La celebración continuará este domingo 1° de febrero, de 10:00 a 18:00 horas, con nuevas oportunidades para degustar sabores, recorrer los puestos y reencontrarse con una de las costumbres más queridas del país.

Una tradición que sigue viva
El Encuentro de Sabores Tamaleros dejó claro que la gastronomía mexicana no sólo se preserva en recetarios, sino en eventos donde la gente se reúne alrededor del maíz, el vapor y la conversación. En Los Pinos, los tamales demostraron que la tradición sigue viva, adaptándose a los tiempos actuales sin perder su raíz.
En cada hoja abierta, en cada bocado compartido, se reafirmó que la cocina mexicana es un patrimonio cotidiano que sigue reuniendo a las personas, celebrando la diversidad y fortaleciendo la identidad cultural del país.


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