
La angustia que no cesa en Naucalpan
Han pasado veinte días desde que Kimberly Hilary Moya González, una estudiante de 16 años del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Naucalpan, fue vista por última vez. Salió de su casa para sacar unas copias, pero nunca regresó. Desde entonces, su nombre se repite en las calles, en los noticieros y en las conversaciones de una comunidad que se niega a dejarla en el olvido.
La colonia San Rafael Chamapa, normalmente ruidosa y llena de vida, ahora respira un aire distinto. Entre los vecinos, el silencio se mezcla con el miedo y la esperanza. Nadie puede creer que una joven como Kimberly, conocida por su alegría y compromiso con los estudios, haya desaparecido sin dejar rastro.
Cuatro cateos, maquinaria pesada y drones en acción
Desde los primeros días, la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) desplegó un operativo sin precedentes. Cuatro cateos, el uso de binomios caninos, drones de alta resolución, maquinaria pesada y la participación de decenas de investigadores ministeriales se concentraron en dos predios de San Rafael Chamapa.
Los domicilios intervenidos pertenecen a Gabriel Rafael “N”, de 57 años, y Paulo Alberto “N”, de 36, ambos imputados por el delito de desaparición cometida por particulares. Las viviendas fueron registradas minuciosamente, se levantaron indicios, se tomaron muestras y se recopilaron objetos personales, pero nada ha llevado al paradero de Kimberly.
Una ruta interrumpida por un árbol
La última vez que se le vio con vida fue el 2 de octubre. Cámaras de seguridad captaron parte de su trayecto, pero la imagen se pierde justo en una zona donde la maleza creció demasiado. Un árbol bloquea la vista del punto exacto en que la joven desaparece. Esa imagen inconclusa se ha convertido en un símbolo de frustración para quienes siguen su búsqueda.
Los investigadores han intentado reconstruir la ruta, revisando grabaciones adicionales y entrevistando a vecinos, pero hasta ahora no hay una pista contundente. Las familias de la zona colaboran con testimonios y cámaras privadas, conscientes de que cada segundo puede ser clave para encontrarla.
Las horas más largas para una familia sin respuestas
La familia de Kimberly vive cada día como una eternidad. No hay palabras que llenen el vacío de su ausencia ni promesas que compensen la falta de resultados. La madre de la joven ha encabezado marchas y exigido a las autoridades no cesar en la búsqueda, mientras decenas de estudiantes del CCH Naucalpan se han unido con carteles y consignas de justicia.
“Solo queremos saber dónde está”, repiten una y otra vez. La incertidumbre se ha vuelto una tortura silenciosa, acompañada por la desesperanza que se cuela en cada amanecer sin noticias.
La búsqueda se extiende hasta la presa Los Cuartos
Ante la falta de resultados en los cateos, las autoridades decidieron ampliar el operativo hacia la presa Los Cuartos, un punto señalado por testimonios y registros de los imputados. Equipos de buzos, peritos forenses y personal especializado en búsqueda subacuática inspeccionaron el área, pero tampoco ahí se encontraron rastros de Kimberly.
Cada operativo despierta esperanza, pero también el dolor de volver a casa con las manos vacías. La comunidad exige más recursos, más transparencia y, sobre todo, resultados. La FGJEM, por su parte, mantiene el caso bajo investigación y evita divulgar detalles que puedan entorpecer el proceso judicial.
Naucalpan pide respuestas y justicia
La desaparición de Kimberly Moya ha trascendido las fronteras del municipio. Colectivos de búsqueda, organizaciones feministas y estudiantes de diversas universidades se han sumado para exigir justicia. Las redes sociales se llenan de su rostro, de mensajes de solidaridad y de llamados para que nadie deje de buscarla.
Cada día sin ella refuerza la urgencia de fortalecer los protocolos de búsqueda, de actuar con rapidez y de evitar que más familias vivan el mismo dolor. En México, miles de personas siguen desaparecidas, pero detrás de cada nombre hay una historia, una vida, un futuro interrumpido.
Una historia que no debe quedar en silencio
Kimberly Moya no es solo una estadística. Es una joven con sueños, familia, amigos y una comunidad que la espera. Su historia refleja la necesidad de mirar de frente una crisis que se ha normalizado en muchas partes del país. Mientras las autoridades continúan con los operativos y la investigación judicial, la sociedad mantiene viva la exigencia: que Kimberly vuelva a casa.
La esperanza, aunque golpeada por el tiempo, sigue siendo la fuerza que mueve cada búsqueda, cada cartel y cada oración. Porque mientras haya quienes pronuncien su nombre, el silencio no vencerá.