México y la Dictadura de Maduro: relación que redefine la Política Exterior

La asistencia de México a la toma de posesión de Nicolás Maduro refleja un cambio radical en la política exterior, priorizando alianzas cuestionables sobre principios históricos.

Un evento que marcó un antes y un después

El 10 de enero de 2025, Venezuela dio un paso oficial hacia el autoritarismo con el inicio del tercer periodo de Nicolás Maduro como presidente tras un presunto fraude electoral masivo. Este evento, rechazado por la mayoría de los países latinoamericanos, contó con la asistencia de representantes de solo cuatro países de la región: Cuba, Nicaragua, Bolivia y México.

La participación mexicana en este acto generó una ola de críticas, ya que contradice décadas de tradición diplomática basada en la neutralidad y el apoyo a los derechos humanos.

¿Qué llevó a México a legitimar un régimen autoritario?

Bajo el liderazgo de la 4T, la política exterior de México ha dejado de ser un símbolo de mediación y paz para convertirse en un actor polarizante. A diferencia de Brasil y Colombia, que optaron por no avalar el régimen de Maduro, México decidió respaldarlo públicamente.

Este apoyo despierta preguntas sobre los compromisos de México con regímenes autoritarios como el venezolano, el cubano y el nicaragüense. La respuesta parece estar en una combinación de ideología, pragmatismo político y la construcción de una «trinchera de retaguardia estratégica».

La política exterior histórica de México, en contraste

Durante décadas, México se ganó un lugar como mediador confiable en conflictos internacionales. Fue la voz de los pueblos oprimidos en América Latina, ofreciendo asilo a exiliados políticos y liderando esfuerzos como el Grupo Contadora para pacificar Centroamérica.

En contraste, la 4T ha transformado esta reputación en una estrategia de alianzas ideológicas que priorizan el respaldo a regímenes autoritarios, alejándose de los valores democráticos que alguna vez definieron la diplomacia mexicana.

Una estrategia de sobrevivencia política

La relación con Venezuela parece ser parte de un plan mayor. Más allá del respaldo ideológico, se percibe como una estrategia para garantizar un refugio seguro para figuras clave de la 4T en caso de un colapso político.

Con crecientes señalamientos internacionales sobre vínculos entre funcionarios mexicanos y el crimen organizado, Venezuela podría servir como un santuario político para quienes enfrenten procesos legales. Esta lógica de «retaguardia estratégica» pone en jaque la credibilidad de la política exterior mexicana.

Las implicaciones para México y su relación internacional

El cambio en la política exterior mexicana tiene consecuencias graves:

  1. Aislamiento regional: México pierde su papel como mediador en América Latina, siendo percibido ahora como un aliado de regímenes autoritarios.
  2. Tensiones con socios clave: Las relaciones con Estados Unidos y Canadá se tensan, afectando acuerdos como el T-MEC.
  3. Pérdida de confianza internacional: México ya no es visto como un actor neutral, lo que dificulta su participación en iniciativas multilaterales.

¿Qué sigue para México en el escenario internacional?

La decisión de avalar el régimen de Maduro refleja una apuesta arriesgada de la 4T, que prioriza la lealtad ideológica y la protección política sobre los principios históricos de México.

El reto para el país será recuperar su credibilidad internacional una vez que la actual administración termine su mandato. Para ello, será fundamental redefinir su política exterior, alejándose de alianzas que comprometen los valores democráticos y los derechos humanos.

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