Salud mental calle Madero dejó de ser un tema invisible para convertirse en una prioridad institucional. En calles, plazas y espacios públicos de la zona conurbada de Tampico–Ciudad Madero, la presencia de personas con crisis psiquiátricas se volvió una constante incómoda, muchas veces ignorada, otras tantas criminalizada, y casi siempre atendida sin una ruta clara.
Durante años, la respuesta fue fragmentada: operativos aislados del DIF, intervenciones de Protección Civil o policías locales que, ante la falta de un marco legal definido, terminaban devolviendo a las personas a la misma calle de la que fueron retiradas. Hoy, ese ciclo comienza a romperse.
Un protocolo regional que marca un antes y un después
La directora del DIF Ciudad Madero, Nefertiti Constantino Martínez, confirmó la construcción de un protocolo regional de atención, resguardo e internación para personas en situación de calle con padecimientos mentales, una iniciativa que involucra a autoridades de los tres niveles de gobierno.
La primera reunión interinstitucional ya se realizó y será el 18 de febrero cuando se presente el documento operativo definitivo. Este protocolo definirá con claridad qué autoridad interviene, bajo qué criterios y con qué responsabilidades, una ausencia histórica en la política social del sur de Tamaulipas.
No se trata solo de coordinación administrativa, sino de establecer una respuesta estructural frente a una problemática que combina salud mental, abandono social y vacíos legales.
Intervenir incluso cuando la persona rechaza la ayuda
Uno de los puntos más sensibles del nuevo esquema es que permitirá actuar incluso cuando la persona rechace inicialmente la atención, una situación que durante años fue utilizada como justificación para no intervenir.
Constantino Martínez reconoció que este vacío legal dejó a cientos de personas expuestas a riesgos físicos, climáticos y de violencia. Con el nuevo protocolo, la prioridad será el cuidado y la protección, por encima de la omisión institucional.
Esto implica un cambio profundo: pasar de una lógica reactiva a una preventiva, donde la salud mental se atienda como un derecho y no como una molestia urbana.
Espacios de resguardo temporal: la pieza que faltaba
Otro eje central del protocolo es la habilitación de espacios de resguardo temporal, inexistentes hasta ahora en la práctica cotidiana. La falta de estos lugares provocaba que las personas fueran trasladadas de una dependencia a otra sin solución de fondo.
“Tendremos ya un lugar en donde se les va a asegurar en lo que se llevaba a cabo el proceso”, explicó la funcionaria.
Estos espacios permitirán evaluar cada caso, estabilizar a la persona y definir la ruta adecuada: reintegración familiar, atención médica o internación especializada.
El papel clave del Hospital Psiquiátrico de la región
El protocolo contempla la intervención directa del Hospital Psiquiátrico del sur de Tamaulipas, institución que concentra los expedientes clínicos de pacientes de la zona conurbada.
Este punto es crucial, ya que muchas de las personas en situación de calle tienen antecedentes clínicos, familiares identificables y tratamientos interrumpidos. La desinformación ha llevado a pensar que el hospital solo funciona como internamiento definitivo, cuando en realidad puede ser una puerta para la recuperación y el seguimiento.
Gracias a estos registros, será posible contactar a familiares, reconstruir redes de apoyo y evitar que la calle siga siendo el destino final.
Internación solo cuando existe riesgo real
En los casos donde se detecten crisis agudas o riesgo para terceros, el protocolo permitirá la intervención médica especializada e incluso la internación, una medida que hasta ahora se aplicaba de forma tardía o excepcional.
Este enfoque busca equilibrar la protección de la persona, la seguridad pública y el respeto a los derechos humanos, evitando abusos pero también la omisión que pone vidas en peligro.
Un problema recurrente que exige seguimiento permanente
Cada temporada invernal, decenas de personas en situación de calle son atendidas de manera temporal en Tampico, Ciudad Madero y Altamira. Sin embargo, la falta de seguimiento institucional provocaba su retorno a la vía pública una vez pasado el frío.
El nuevo protocolo apunta a romper ese patrón, apostando por procesos continuos y no solo acciones de emergencia. La salud mental calle Madero se convierte así en un eje de política pública y no en un problema estacional.
Salud mental calle Madero: del abandono a la responsabilidad pública
La implementación de este protocolo representa un cambio de paradigma. Reconoce que la salud mental no puede seguir siendo un asunto marginal ni delegado a la buena voluntad de algunas dependencias.
Atender a personas en situación de calle con padecimientos mentales es una obligación del Estado y una medida básica de justicia social. Si el protocolo se aplica con rigor y seguimiento, podría convertirse en un modelo replicable para otras regiones del país.
Porque la verdadera seguridad y bienestar comienzan cuando nadie queda fuera del sistema, y salud mental calle Madero deja de ser sinónimo de abandono para convertirse en atención digna y oportuna.
