El 1 de abril marcó el inicio de la temporada de captura de mero en Yucatán, una de las pesquerías más relevantes del país y pilar económico para miles de familias en la península.
Con la apertura de la temporada, la Cámara Nacional de la Industria Pesquera y Acuícola proyecta superar los niveles alcanzados en 2025, cuando la producción llegó a aproximadamente 4,500 toneladas.
El mero no es solo un producto comercial: es parte de la identidad del litoral yucateco. Desde puertos como Progreso, Celestún o Río Lagartos, esta especie sostiene una cadena productiva que involucra a pescadores, fileteros, transportistas y exportadores.
En términos biológicos, el mero pertenece a la familia Serranidae y es un pez de gran tamaño que habita principalmente en aguas cálidas del Golfo de México y el Caribe. Su presencia es común en fondos rocosos y arrecifes, donde encuentra refugio y alimento.
Una de sus características más llamativas es su crecimiento. Dependiendo de la especie, puede superar fácilmente los 30 kilogramos de peso y alcanzar más de un metro de longitud. Además, se trata de un depredador que se alimenta de peces más pequeños, crustáceos y moluscos.
Mero: un recurso de alto valor
El mero es considerado un alimento de alta calidad por su carne blanca, firme y de sabor suave, lo que lo convierte en un producto altamente demandado tanto en el mercado. Su versatilidad en la cocina lo posiciona como protagonista en platillos tradicionales y gourmet.
En Yucatán, su captura representa uno de los ingresos más importantes para las comunidades pesqueras. Durante la temporada, cientos de embarcaciones salen diariamente al mar, generando una dinámica económica que impacta directamente en el bienestar de la región.
Entre la pesca y la conservación
Sin embargo, su relevancia también implica riesgos. La sobrepesca y la captura en etapas tempranas de su desarrollo pueden afectar la sostenibilidad de la especie, lo que ha llevado a implementar regulaciones estrictas.
En México, la captura de mero está sujeta a periodos de veda, establecidos para permitir su reproducción y recuperación poblacional. Estas medidas son fundamentales para garantizar que la pesquería se mantenga en el largo plazo.
Autoridades y organismos como la Secretaría de Pesca y Acuacultura Sustentables han impulsado campañas para fomentar la pesca responsable, incluyendo el respeto a tallas mínimas y zonas de captura.
Además, se han fortalecido los sistemas de monitoreo y control, así como la capacitación a pescadores, con el objetivo de equilibrar la actividad económica con la conservación del ecosistema marino.
El reto, coinciden especialistas, es mantener este equilibrio en un contexto de alta demanda y cambio climático, factores que inciden directamente en la disponibilidad del recurso.
Con el inicio de la temporada 2026, el mero vuelve a colocarse en el centro de la actividad pesquera de Yucatán. Entre redes, mareas y regulaciones, su captura representa no solo una oportunidad económica, sino también una responsabilidad compartida para asegurar que este símbolo del mar continúe presente en las generaciones futuras.


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