En México, la población económicamente activa (PEA) llegó en julio de 2025 a 62.5 millones de personas, según datos del INEGI. Esto significa que más de seis de cada diez mexicanos en edad de trabajar tienen un empleo o están buscando uno.
El dato suena alentador, pero hay un problema de fondo: más de la mitad de quienes tienen un trabajo lo hacen en condiciones informales. Es decir, no cuentan con seguridad social, prestaciones ni estabilidad legal.
¿Qué significa trabajar en la informalidad?
Trabajar en la informalidad puede sonar abstracto, pero basta con mirar a la vida diaria. Por ejemplo, una persona que vende comida en la calle o en un puesto ambulante, quien trabaja en una tienda pequeña sin contrato escrito ni seguro social, así como agricultores de autoconsumo que producen solo para vender en su comunidad.
Todos ellos forman parte de los 34.1 millones de mexicanos que, de acuerdo con la encuesta de ocupación, se encuentran en este sector.
La paradoja: bajo desempleo, pero alta precariedad
La tasa de desempleo en México es baja, apenas 2.8%, lo que quiere decir que casi todos los que buscan trabajo lo encuentran. Sin embargo, lo preocupante es dónde lo encuentran: en la informalidad.
Es como si un joven recién egresado lograra empleo de inmediato, pero en un negocio que no le da contrato ni prestaciones. Tiene trabajo, sí, pero no estabilidad.
Mujeres y hombres, ambos atrapados en la informalidad
La participación de las mujeres en la economía fue de 46.5%, mientras que en los hombres alcanzó 75.7%. Aunque ellas están entrando con más fuerza al mercado laboral, enfrentan el mismo problema que ellos: 56.7% de las mujeres ocupadas y 55.7% de los hombres lo hacen en condiciones informales.
En la práctica, esto significa que una madre trabajadora que se gana la vida vendiendo ropa por catálogo o un padre que maneja un taxi sin registro oficial, ambos pertenecen a la misma estadística.
Sectores con más riesgo de empleo informal
Los sectores con mayor presencia de trabajos informales son: Comercio, donde muchas personas laboran en pequeños negocios o tianguis; Agricultura y pesca, con campesinos y pescadores que no cuentan con seguridad social; y Servicios diversos, como trabajos domésticos sin contrato.
Estas son actividades que sostienen la economía local, pero en las que los trabajadores rara vez tienen prestaciones como aguinaldo, vacaciones pagadas o acceso a un crédito de vivienda.


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