El silencio se abrió paso entre la multitud. Al caer la noche, más de 500 ánimas emergieron del Cementerio General de Mérida para iniciar el recorrido que marca uno de los momentos más esperados del Hanal Pixán: el Paseo de las Ánimas.
Entre humo de copal, cantos y pasos lentos, figuras envueltas en hipiles, rostros pintados y velas encendidas avanzaron rumbo al barrio de San Juan, en un homenaje vivo a quienes regresan cada año para compartir la mesa y el camino con los suyos.
Familias enteras se sumaron al cortejo o lo acompañaron desde las aceras, donde flores, fotografías y veladoras recordaron a los seres queridos. La marcha fue un acto de memoria colectiva: niños con calaveritas en las manos, abuelos rezando en voz baja, turistas en silencio absoluto y jóvenes que cargaron ofrendas para honrar sus raíces. A su paso, los murmullos se apagaban; la ciudad, por unos minutos, caminó al ritmo del alma.
Minutos después de que la primera luz salió entre las tumbas, el Portal del Inframundo se abrió simbólicamente para marcar el tránsito espiritual. Ya afuera, el Cementerio Abierto permitió a los visitantes adentrarse en los pasillos iluminados y contemplar altares familiares y placas cargadas de amor y memoria.
El recorrido continuó hacia San Juan, donde un sendero de velas guió a las ánimas hasta la plaza principal. Al ritmo de jaranas y guitarras, las mojigangas se sumaron más tarde en fiesta, dando paso a la Gran Vaquería, donde el zapateo sobre la tarima recordó que en Yucatán la muerte convive con la alegría, la música y el encuentro comunitario.
Como parte de las actividades, los visitantes disfrutaron en la plaza principal de muestras de altares, videomapping, gastronomía tradicional y espacios artísticos.


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