Es 1910, y México hierve. En el norte, los ranchos y haciendas ven cómo surgen guerrillas armadas que desafían al Porfiriato. En el sur, los campos de maíz se transforman en trincheras, y los líderes agraristas levantan sus voces por justicia y tierra.
La Revolución Mexicana no solo fue Villa y Zapata, ni se limitó a las figuras de Madero o Carranza. Fue un movimiento que nació desde las entrañas del país, tejido por múltiples facciones que luchaban por ideales específicos. Cada una con sus héroes, tragedias y pequeñas victorias que definieron el México moderno.
En esta entrega, viajamos al pasado para revivir las historias de nueve facciones revolucionarias que, aunque olvidadas por los libros de historia, fueron fundamentales en esta gesta nacional.
Arenistas: los agricultores que defendieron la tierra
El amanecer del 20 de agosto de 1914 fue diferente en Tlaxcala. Campesinos con azadones y machetes se reunieron en torno a Domingo y Cirilo Arenas, dos hermanos decididos a repartir las tierras que hasta entonces habían sido dominio exclusivo de hacendados.
«Estas tierras no nos pertenecen; le pertenecen al pueblo,» proclamó Domingo mientras tomaban la capital de Tlaxcala.
Los arenistas lograron lo que pocos: establecer colonias agrícolas exitosas en Puebla y Tlaxcala. Sin embargo, sus alianzas fluctuaron entre zapatistas y carrancistas, y las disputas internas acabaron cobrando la vida de Domingo en 1917, en un enfrentamiento con los mismos zapatistas.
Cirilo tomó las armas en venganza, pero su resistencia fue breve. Capturado y fusilado en 1920, dejó un legado de justicia agraria que inspiraría movimientos posteriores.
Chavistas: el terror de Michoacán
En las montañas de Apatzingán, un líder conocido como «El Atila Michoacano» reunía a sus tropas. José Inés García Chávez era un hombre feroz, cuyas tácticas brutales sembraron el terror entre hacendados y tropas enemigas.
Anécdota clave:
Durante un ataque a Tacámbaro, una madre campesina se acercó a Chávez con lágrimas en los ojos: «Mi hijo fue tomado por los federales, por favor, ayúdeme.» Sin dudarlo, Chávez envió a su mejor escuadrón a rescatarlo. Ese tipo de gestos, mezclados con su crueldad militar, lo convirtieron en una figura polarizadora.
El chavismo desapareció tras la muerte de su líder por influenza en 1918, pero su impacto en Michoacán persiste como una lección de lucha y contradicción.
Los soberanistas oaxaqueños: autonomía a toda costa
En 1914, Oaxaca era un hervidero. Caciques de la Sierra, liderados por Guillermo Meixueiro, se alzaron para oponerse a las incursiones carrancistas en su territorio.
«¡Oaxaca no se rinde ante ningún gobierno central!» gritaban los soberanistas mientras defendían sus montañas y caminos.
Durante seis años, los soberanistas resistieron hasta que, en 1920, finalmente se unieron al Plan de Agua Prieta. Este movimiento dejó una lección clave: la lucha por la autonomía local es tan relevante como la revolución nacional.
Pelaecistas: entre pozos petroleros y política internacional
En las profundidades de la Huasteca, Manuel Peláez, un terrateniente astuto, entendió que la guerra no era solo con armas, sino con influencias. Mientras Carranza intentaba tomar el control de los pozos petroleros, Peláez protegía a las compañías extranjeras a cambio de apoyo logístico y armamento.
Momentos tensos:
Un día, Peláez recibió una carta de Carranza: «Rinde tu ejército o enfrentaremos las consecuencias.» Peláez respondió con un convoy de armados que intimidó a las tropas constitucionalistas y evitó una batalla directa.
La relación de Peláez con los intereses angloamericanos marcó un episodio único en la Revolución, donde economía y política internacional se entrelazaron de forma inusual.
Mapachistas: la resistencia conservadora en Chiapas
En 1916, los chiapanecos liderados por Tiburcio Fernández Ruíz formaron una alianza improbable con hacendados y bandoleros para resistir las reformas agrarias de Carranza.
Los mapachistas defendieron las fincas y el modelo económico poscolonial, pero al hacerlo, dejaron a Chiapas en un atraso que tomó décadas superar.
Historias locales:
En una finca cercana a San Cristóbal, un grupo de campesinos intentó unirse al zapatismo. Sin embargo, los mapachistas los detuvieron, recordándoles que «la revolución no es para todos». Esta frase se convirtió en un símbolo del carácter excluyente de este movimiento.
La Revolución Mexicana desde sus raíces
Cada una de estas facciones representa una voz distinta en el coro revolucionario. Desde los ideales agraristas de los arenistas hasta el regionalismo de los soberanistas, la Revolución Mexicana fue un mosaico de luchas interconectadas que buscaban un México más justo.
¿Por qué recordarlas?
Porque su olvido deja incompleta la narrativa de la Revolución. Estas historias nos enseñan que el cambio no viene de un solo líder o una sola idea, sino de una multiplicidad de luchas unidas por un objetivo común: la justicia.
Conclusión
Las facciones olvidadas de la Revolución Mexicana nos recuerdan que la historia no es solo de los grandes nombres, sino también de aquellos que, desde sus comunidades, lucharon por un país mejor.
En un México que sigue buscando equidad y justicia, estas historias son más relevantes que nunca. Recordarlas es honrar su legado y entender que, como en la Revolución, el cambio siempre es posible.
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