viernes, enero 2, 2026

La Universidad en la era posmoderna: ¿formación crítica o solo capacitación?

La Universidad, como institución, ha atravesado innumerables transformaciones a lo largo de la historia. Desde su origen medieval hasta el modelo moderno basado en la Ilustración, su función ha evolucionado para adaptarse a los cambios sociales, políticos y económicos. Pero en un mundo cada vez más fragmentado, dominado por la incertidumbre y el pragmatismo, surge una pregunta clave: ¿existe una Universidad posmoderna?

Responder a esta cuestión implica reflexionar sobre la influencia del posmodernismo en la educación superior, particularmente en América Latina y México. ¿Se ha convertido la Universidad en un espacio de pensamiento crítico o ha sido absorbida por la lógica del mercado y la capacitación funcional?

La Universidad y la posmodernidad: una visión desde América Latina

Para analizar este fenómeno, resulta clave el pensamiento de la filósofa brasileña Marilena de Souza Chauí, quien en su obra La ideología de la competencia (2018) plantea que el posmodernismo no solo es una corriente filosófica, sino un “modo de vida” caracterizado por cuatro rasgos esenciales:

  1. Inseguridad: Un sentimiento que se manifiesta en la vida cotidiana y en la educación, generando un enfoque utilitarista donde la formación se supedita a la “empleabilidad”.
  2. Dispersión: La incapacidad de construir identidades colectivas fuertes, lo que fomenta regímenes autoritarios y reduce la participación política activa de los ciudadanos.
  3. Miedo: Producto de la inseguridad, refuerza el individualismo y dificulta la construcción de redes de conocimiento colectivo.
  4. Sentimiento de lo efímero: La idea de que todo es transitorio, lo que lleva a una obsesión por la documentación audiovisual y al narcisismo en la sociedad digital.

En este contexto, la Universidad posmoderna se aleja del ideal ilustrado de la formación crítica y universalista para convertirse en un espacio de capacitación, fragmentación identitaria y adaptación a las exigencias del mercado laboral.

Del conocimiento universal a la capacitación pragmática

Tradicionalmente, la Universidad tenía como objetivo formar sujetos críticos capaces de interpretar y transformar su entorno. Sin embargo, en la actualidad, el modelo educativo ha cambiado.

Antes: La educación superior promovía el pensamiento libre y el conocimiento universal.
Ahora: Se priorizan modelos de enseñanza orientados a la empleabilidad y la especialización técnica.

El problema de este cambio no radica en la capacitación en sí misma, sino en el desequilibrio que se genera al reducir la educación a un mero instrumento del mercado. Se pierde la capacidad de cuestionar, de innovar y de construir nuevas epistemologías, lo que empobrece el pensamiento crítico.

¿Cómo afecta esto a la Universidad pública en México?

A pesar de las tendencias globales, la Universidad pública en México aún mantiene rasgos de su vocación formativa. Su estructura sigue basándose en principios ilustrados y en la búsqueda de la verdad como eje rector del conocimiento.

Sin embargo, hay señales preocupantes que evidencian una posible transición hacia el modelo posmoderno:

  • El debilitamiento de las humanidades y las ciencias sociales en los planes de estudio.
  • El énfasis en la empleabilidad sobre la formación integral.
  • El uso de la tecnología como sustituto del pensamiento crítico.
  • La fragmentación de la identidad estudiantil, impulsada por la hiperconectividad y el individualismo digital.

El desafío está en proteger la esencia formativa de la Universidad sin negar la necesidad de adaptación. La educación superior debe equilibrar la capacitación técnica con el desarrollo del pensamiento crítico y la innovación social.

Hacia una Universidad crítica en la era posmoderna

Ante la influencia del posmodernismo en la educación superior, es fundamental redefinir el papel de la Universidad. Para ello, se pueden plantear algunas estrategias:

Integrar nuevas epistemologías: Incorporar modelos horizontales de aprendizaje que valoren tanto el conocimiento científico como los saberes tradicionales y comunitarios.
Reforzar el pensamiento crítico: Recuperar las humanidades y la filosofía como herramientas fundamentales en cualquier disciplina.
Fomentar la interdisciplinariedad: Romper con la fragmentación del conocimiento y promover un enfoque holístico en la educación.
Promover la educación para la transformación social: Más allá de la capacitación, la Universidad debe formar agentes de cambio capaces de impactar en sus comunidades.

Conclusión: ¿modernidad o posmodernidad en la educación superior?

La Universidad pública en México no ha sucumbido completamente a la lógica posmoderna, pero sí enfrenta presiones para transformarse en un espacio de capacitación técnica en lugar de un centro de formación crítica.

Si bien la globalización y el mercado exigen cambios, la educación superior no puede perder su esencia. La solución no está en rechazar la modernidad ni en abrazar acríticamente la posmodernidad, sino en encontrar un punto de equilibrio que permita evolucionar sin renunciar a la misión formativa.

Como diría Rimbaud: “¡Hay que ser absolutamente modernos!” Pero ser modernos implica también defender el conocimiento como un derecho y no solo como una mercancía.

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