México amaneció diferente en junio de este año, aunque para muchos el cambio se gestó poco a poco. Como en el cuento de Franz Kafka, la transformación es total y evidente: nuestro país, que alguna vez fue una democracia pluralista, ha adoptado las formas y prácticas de una autocracia populista. La mayoría parlamentaria de Morena y el control de múltiples estados no solo han permitido el avance de una agenda centralizada; han redefinido el mapa político y los contrapesos que equilibraban el poder en México.
En términos simples, la mayoría ha dejado de ser una herramienta democrática para volverse un instrumento de legitimación totalitaria. Desde los cambios en la estructura del Instituto Nacional Electoral (INE) hasta el debilitamiento de la autonomía del Tribunal Electoral y de las instituciones de justicia, la transformación se está dando rápidamente, y el impacto es abrumador.
¿Qué nos dice la metamorfosis de Samsa sobre la nueva realidad de México?
Como el protagonista Gregorio Samsa de “La Metamorfosis” de Kafka, México se ha convertido en algo nuevo y extraño para quienes confiaban en la pluralidad y la democracia constitucional. Al igual que el personaje que amanece transformado en un insecto y enfrenta el rechazo gradual de su propia familia, el México democrático ha sido sustituido por una versión nueva y compleja de su propio ser, una versión en la que la democracia ha cedido terreno al control centralizado y la lealtad a una sola visión de país.
Desde la obtención de la mayoría calificada en el Congreso, el partido en el poder ha seguido una ruta lógica y calculada, eliminando o debilitando los contrapesos políticos. Se han modificado leyes, retirado fondos a organizaciones civiles, y cerrado las puertas de la transparencia, reduciendo el espacio de acción para las voces opositoras.
Un manual de poder absoluto
Esta reconfiguración responde a un manual de poder autoritario que ha sido aplicado en otros lugares y épocas. Como señala la teórica política Hannah Arendt en su estudio de los regímenes totalitarios, una vez que los movimientos de este tipo alcanzan el poder, su primera tarea es alterar la realidad conforme a sus objetivos ideológicos. Ya no se interpreta la realidad en términos de hechos objetivos; se redefine bajo el prisma de un objetivo superior.
Este proceso incluye la imposición de cambios drásticos en las instituciones de control y vigilancia, como el INE y el Tribunal Electoral, que tradicionalmente velaban por la integridad democrática del país. Con su debilitamiento, el poder queda en manos del oficialismo sin ningún tipo de auditoría o cuestionamiento.
Control de la información y el silenciamiento de voces críticas
Parte de esta transformación incluye el control de la información pública y de los medios de comunicación. Como ha sido evidente en muchas de las conferencias matutinas, las voces que se apartan de la narrativa oficial son rápidamente criticadas, y, en casos extremos, incluso se toman acciones para bloquear su participación. La censura selectiva, la disminución de la autonomía de los medios, y el ataque a figuras de la sociedad civil apuntan a una estrategia bien calculada de control sobre el flujo de información.
En este contexto, los canales de expresión independiente y crítica tienden a ser reemplazados por narrativas aprobadas que alinean la opinión pública con los intereses del poder.
¿Qué sigue en esta nueva realidad política?
A medida que el poder se consolida y el México pluralista se transforma, el escenario probable es uno en el que el sistema de partidos se debilite, al igual que la capacidad de las organizaciones civiles para influir en la agenda nacional. En este ambiente, el control del gobierno sobre cada uno de los procesos se vuelve más evidente, desde los ámbitos judicial y electoral hasta el legislativo.
La eliminación de la carrera judicial es solo una de las múltiples modificaciones que representan esta nueva realidad. Con un Poder Judicial al que se le priva de su independencia, la capacidad de cuestionar las decisiones del gobierno queda reducida a su mínima expresión. Este modelo, que refleja los cambios en sistemas de otras naciones con modelos autoritarios, marca el inicio de una era en la que la concentración de poder se vuelve la norma.
¿Estamos listos para abrazar esta nueva forma de gobernar?
El México democrático parece haber quedado en el pasado, sustituido por un modelo de república autoritaria. Aunque esta realidad es impactante, nos brinda también una oportunidad para reflexionar sobre las consecuencias de estas reformas y sobre cómo podemos, como ciudadanos, ser parte de una resistencia pacífica que cuestione y defienda los derechos fundamentales y el equilibrio de poderes.
La metamorfosis de México ha dejado a muchos ciudadanos en estado de shock; sin embargo, también representa una llamada a la acción. Nos encontramos ante un nuevo régimen que busca permanecer, y depende de la sociedad civil, los actores políticos y la comunidad internacional señalar los retrocesos en los principios democráticos y trabajar en el restablecimiento de un equilibrio real en el poder.
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