La decisión del Ayuntamiento de Tijuana de imponer 40 minutos de estacionamiento gratuito es más que un alivio para el ciudadano: es una calculada jugada política que genera un masivo apoyo popular y pone en jaque a los poderosos dueños de los centros comerciales.
La reciente aprobación de 40 minutos de estacionamiento gratuito en los centros comerciales de Tijuana por parte del Cabildo no es solo una simple reforma de reglamento; es una pieza de ajedrez político ejecutada con maestría. La medida, abrumadoramente popular entre los ciudadanos, posiciona al gobierno municipal como un defensor del pueblo y, al mismo tiempo, lanza un desafío directo al lucrativo modelo de negocio de los gigantes comerciales de la ciudad.
Este movimiento puede analizarse como una clásica estrategia de «guerra política asimétrica»: una acción de bajo costo para el gobierno, pero de alto impacto para un grupo de poder específico y de enorme recompensa en la arena de la opinión pública.
El Cálculo Político: Máximo Beneficio, Mínimo Costo
Para el XXV Ayuntamiento, aprobar esta medida es una victoria por donde se le mire:
- Costo Cero para el Erario: La implementación de la norma no requiere de una inversión presupuestal por parte del gobierno. La carga económica recae enteramente en los operadores de los estacionamientos.
- Ganancia Política Masiva: La decisión atiende una queja histórica y generalizada de la población. Al eliminar lo que muchos veían como un «cobro injusto», el gobierno se anota un tanto inmediato y tangible con cientos de miles de votantes. El eco positivo en redes sociales y medios de comunicación es incalculable.
La Encrucijada de los Centros Comerciales
Por otro lado, los dueños de las plazas comerciales quedan en una posición sumamente incómoda. El cobro por estacionamiento es una fuente de ingresos directa y significativa. Esta nueva regulación impacta directamente en su rentabilidad.
Su capacidad de respuesta es limitada y riesgosa. Si deciden oponerse públicamente a la medida, corren el riesgo de ser percibidos como «avaros» y «anti-consumidor», dañando gravemente su imagen de marca y ahuyentando a los clientes. Su principal vía de defensa es la legal, interponiendo amparos y litigios, un proceso lento, costoso y que no genera simpatía popular.
Esta jugada política demuestra un profundo entendimiento de la dinámica de poder entre los gobernantes electos y las élites económicas. Al tomar partido por el ciudadano en un asunto cotidiano y de alto perfil, el gobierno municipal no solo ha regulado una actividad comercial, sino que ha enviado un poderoso mensaje sobre quién ostenta el poder en la ciudad. La batalla por el estacionamiento es, en el fondo, una batalla por la legitimidad y el respaldo popular.


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