Jornaleros agrícolas: la fuerza invisible que sostiene el campo mexicano bajo condiciones precarias
Mientras México presume ser una potencia agroexportadora gracias a su producción de jitomate, berries, aguacate y hortalizas, detrás de cada caja recolectada existen miles de historias de explotación, pobreza y abandono. Son las historias de los jornaleros y jornaleras agrícolas, trabajadoras migrantes del campo que recorren el país con todo y familia, bajo condiciones que rozan la exclusión absoluta.
De acuerdo con datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) retomados por la Alianza Campo Justo, en México existen alrededor de 2.3 millones de jornaleros activos, pero la cifra real supera los 5 millones de personas, si se contabiliza a los menores de edad, esposas y adultos mayores que migran con ellos entre ciclos de siembra y cosecha.
Una migración interna que se repite cada ciclo agrícola
Susana Cruickshank, de la Red Nacional de Jornaleras y Jornaleros Agrícolas, informó que al menos 22 estados del país son origen, tránsito o destino de esta fuerza laboral, con puntos de partida en Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Hidalgo, Veracruz y San Luis Potosí, rumbo a campos de Sonora, Sinaloa, Baja California, Guanajuato o Chihuahua, donde se requieren manos para cortar, limpiar y empacar.
La zona más emblemática es la montaña de Guerrero, desde donde 12 mil jornaleros migrantes salen cada año. Se trata, principalmente, de familias indígenas que recorren cientos de kilómetros en busca de trabajo. Ahí, sus hijos dejan la escuela y sus mujeres trabajan jornadas doblemente desgastantes: en los surcos y en el cuidado del hogar.
¿Qué carencias enfrentan?
Abel Barrera, del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, detalla un panorama alarmante:
| Derecho Vulnerado | Situación actual |
|---|---|
| Salud | Sin acceso a servicios médicos formales |
| Salario | Pagan por cubeta o caja recolectada (2 pesos), ingreso diario de $200 |
| Prestaciones laborales | Sin seguridad social, contratos, ni cotización |
| Educación | Niños fuera de la escuela durante migraciones |
| Seguridad | Vulnerables ante crimen organizado y sin mecanismos de protección |
| Transporte | Traslados peligrosos y sin condiciones dignas |
Las mujeres jornaleras son particularmente vulnerables: enfrentan hostigamiento, trabajo no remunerado, tareas de cuidado y discriminación.
Testimonio desde los surcos
“Corremos todo el día para sacar unas diez cubetas, 200 o 300 pesos. Pero todo sube de precio… eso no alcanza para nada”.
— Isabel, jornalera indígena de la montaña de Guerrero
Sus palabras reflejan una realidad generalizada: largas jornadas, pagos a destajo y una vida de trabajo duro que no garantiza un ingreso digno, mucho menos movilidad social.
¿Qué exige la Alianza Campo Justo?
Frente a este contexto, organizaciones como Oxfam México, Campo Justo y Tlachinollan plantean una ruta de acción para que el Estado mexicano intervenga de manera estructural:
- Incrementar los ingresos reales de las mujeres jornaleras.
- Realizar inspecciones laborales frecuentes en campos agrícolas.
- Crear un registro nacional de personas jornaleras.
- Cotizar semanas trabajadas ante el IMSS.
- Incluir perspectiva de género e interculturalidad en los programas sociales.
- Otorgar seguros contra riesgos de trabajo y atención médica inmediata.
Una deuda histórica que urge saldar
Bajo el sol y el polvo del campo mexicano, millones de jornaleros sostienen nuestra seguridad alimentaria. Sin prestaciones, sin escuelas, sin salud y con salarios mínimos por destajo, viven en el abandono institucional. Reconocerlos no debe quedarse en estadísticas: hay que impulsar leyes, presupuestos y políticas que los coloquen al centro de la agenda nacional.
Porque detrás de cada fruto que llega a nuestra mesa, hay manos que merecen justicia, no olvido.


TE PODRÍA INTERESAR