El diluvio que azota a la Ciudad de México no solo inunda calles y hogares; está ahogando su motor económico. Detrás de cada avenida colapsada y cada estación de Metro saturada, se esconde un severo golpe financiero que paraliza el comercio, desploma la productividad y le pasa una factura millonaria a la capital del país, afectando desde el microempresario hasta el gran corporativo.
La conversación sobre las lluvias suele centrarse en la movilidad, pero su impacto económico es igualmente devastador y, a menudo, subestimado. El caos de este lunes es un claro ejemplo de cómo la vulnerabilidad de la infraestructura urbana se traduce directamente en pérdidas económicas tangibles.
El comercio se detiene: de la Central de Abasto a la tienda de la esquina
El golpe más visible se encuentra en los centros de comercio. La inundación severa de la Central de Abasto (CEDA) es una catástrofe económica en sí misma. No se trata solo de los daños a la infraestructura del mercado, sino de la interrupción de la cadena de suministro de alimentos para toda la zona metropolitana. Camiones varados, mercancía perecedera arruinada y transacciones canceladas representan pérdidas incalculables para miles de productores y comerciantes.
Pero el impacto se extiende mucho más allá. En alcaldías como Iztapalapa, Tlalpan y Gustavo A. Madero, miles de pequeños negocios —tiendas de abarrotes, talleres mecánicos, restaurantes y puestos en mercados— se ven obligados a cerrar, ya sea por el acceso imposible o por daños directos causados por el agua. Para la economía informal, que representa una parte vital del tejido económico de estas zonas, un día sin ventas es un día sin ingresos, sin red de seguridad alguna.
Productividad por el desagüe: el «Home Office» como medida de emergencia
La recomendación del gobierno de la CDMX para que las empresas apliquen la modalidad de home office es una admisión tácita de la realidad: la ciudad no está equipada para garantizar la continuidad de los negocios durante estos eventos climáticos.
Mientras que los grandes corporativos pueden adaptarse con relativa facilidad, la medida expone la profunda desigualdad del impacto económico. Para millones de trabajadores cuyo empleo requiere presencia física, la única opción es enfrentar traslados de horas o simplemente no llegar, lo que se traduce en una pérdida masiva de productividad y salarios. Las horas-hombre perdidas en el tráfico o en andenes de Metro saturados representan un costo invisible pero gigantesco para la economía capitalina.
El alto costo de la recuperación: una factura recurrente
Las inundaciones dejan una estela de costos que la ciudad debe asumir una y otra vez. Datos históricos del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) y otras organizaciones muestran que los eventos hidrometeorológicos en la CDMX han costado miles de millones de pesos en las últimas décadas.
Estos costos incluyen:
- * Reparación de infraestructura: Pavimento, drenaje, sistemas de transporte público.
- * Labores de limpieza y desazolve.
- * Ayudas y subsidios para las familias y negocios damnificados.
«El hundimiento del suelo, el deterioro del drenaje, la falta de mantenimiento y la acumulación de basura son factores que agravan la situación», señala un análisis de la asociación México Previene A.C., subrayando que el problema es estructural.
El desastre económico provocado por las lluvias de este lunes es una advertencia urgente. Conforme los eventos climáticos extremos se vuelvan más frecuentes e intensos, la Ciudad de México enfrenta una disyuntiva crítica: realizar las inversiones masivas y profundas que se requieren para construir una infraestructura resiliente o resignarse a un ciclo de parálisis económica recurrente que amenaza su viabilidad como el gran motor financiero de la nación.


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