La mañana que Ciudad de México despertó con miedo
La mañana del martes parecía una más en la rutina de la capital. El tránsito colapsaba Calzada de Tlalpan, los peatones caminaban sin imaginar que, en cuestión de segundos, esa arteria vial se convertiría en una escena de horror. A las 9:15 a.m., un pistolero abrió fuego contra Ximena Guzmán, secretaria particular de Clara Brugada, y José Muñoz, coordinador de asesores de la jefa de Gobierno. Ocho balas impactaron a Guzmán, cuatro a Muñoz. Ambos murieron en el acto.
El ataque fue tan rápido como brutal. Doce disparos, en una vía concurrida, sin advertencias ni avisos previos. No hubo amenazas conocidas, ni alertas de peligro. Solo un asesinato directo, profesional, quirúrgico. “Fue una ejecución”, dijo una fuente de la Secretaría de Seguridad con voz temblorosa.
El operativo tras el crimen: una ruta de escape meticulosamente trazada
Pablo Vázquez, secretario de Seguridad de Ciudad de México, compareció junto a la fiscal Bertha Alcalde. Ambos confirmaron lo que ya se temía: el asesino no actuó solo. Fue parte de un comando conformado por al menos cuatro individuos. Tras disparar, huyó en una motocicleta negra, que abandonó pocos kilómetros después. De allí pasó a una camioneta Nissan azul, y luego a una camioneta gris con dirección a Iztacalco.
La coordinación del grupo fue tan precisa que hace pensar en una estructura criminal con experiencia y recursos. Todos los vehículos utilizados tenían reporte de robo. Los agresores no dejaron huellas, posiblemente por el uso de guantes. Los investigadores confían en las cámaras del sistema C5, que ya han revelado parte del trayecto.
La vigilancia previa: acecho desde las sombras
La fiscal Alcalde confirmó otro dato clave: las víctimas fueron vigiladas durante varios días. “Sabían perfectamente sus rutinas, sus movimientos y el lugar exacto donde interceptarlos”, afirmó. Esta revelación ha incrementado el temor entre funcionarios públicos y ha abierto interrogantes sobre la protección de quienes trabajan en áreas sensibles del gobierno capitalino.
Las autoridades aún no confirman el móvil del crimen. Sin embargo, el jefe de la policía deslizó una posibilidad inquietante: el atentado podría estar vinculado a recientes detenciones de líderes del crimen organizado que operan tanto en la Ciudad de México como en el Estado de México.
Ecos del pasado: un patrón que se repite
El patrón de huida hacia los límites de la ciudad no es nuevo. Vázquez recordó los casos de Ciro Gómez Leyva, quien sobrevivió un atentado en 2022, y del exsecretario de Seguridad, Omar García Harfuch, atacado en 2020. En ambos casos, los agresores intentaron desaparecer en los alrededores metropolitanos: Estado de México, Morelos e Hidalgo. Hoy, ese modus operandi se repite.
La fiscalía ha comenzado a analizar prendas encontradas en uno de los vehículos, así como pruebas de ADN. “Es un rompecabezas, pero ya tenemos piezas clave”, aseguró Alcalde. El arma usada, una pistola nueve milímetros sin antecedentes balísticos, refuerza la idea de un grupo armado especializado.
Una ciudad bajo tensión: la política en la mira
La violencia en Ciudad de México había mantenido un perfil más bajo en comparación con otras entidades. Pero el asesinato de dos funcionarios tan cercanos a la jefa de Gobierno ha cambiado esa percepción. La ciudadanía exige respuestas, y la administración de Clara Brugada enfrenta su primer gran desafío en materia de seguridad.
Las redes sociales se han llenado de teorías. Desde intentos de intimidación política hasta ajustes internos. Ninguno de estos rumores ha sido confirmado. Lo único certero es que se trata de un mensaje fuerte, enviado de manera brutal, en pleno día, en el corazón de la capital.
¿Quiénes eran las víctimas? Voces silenciadas del poder
Ximena Guzmán y José Muñoz no eran figuras públicas, pero desempeñaban papeles estratégicos dentro del equipo de Clara Brugada. Guzmán era su mano derecha, una mujer conocida por su discreción y eficacia. Muñoz, su coordinador de asesores, era el encargado de construir los puentes políticos necesarios para sostener su gobierno.
Ninguno había reportado amenazas. Ninguno tenía antecedentes ligados a la violencia. Eso hace que el ataque cobre mayor dramatismo: no fueron elegidos por su exposición, sino por su cercanía con el poder.
La cooperación metropolitana: clave para esclarecer el crimen
Vázquez ha reiterado la importancia de la coordinación entre los gabinetes de seguridad de la zona metropolitana. El crimen no puede resolverse con esfuerzos aislados. “Necesitamos sumar fuerzas con el Estado de México, Morelos e Hidalgo. Solo así encontraremos a los responsables”, dijo.
La presión también viene del Gobierno federal. Este crimen, ocurrido bajo el mandato de una figura emergente como Clara Brugada, pone a prueba el compromiso institucional con la justicia y la transparencia. La opinión pública no tolerará impunidad.
Una ciudad que exige respuestas
El asesinato de Ximena Guzmán y José Muñoz marca un antes y un después en la narrativa de seguridad de Ciudad de México. No solo por la crudeza del ataque, sino por las preguntas que ha dejado sin responder. ¿Quién ordenó el crimen? ¿Por qué ellos? ¿Cuál era el verdadero objetivo?
Mientras las autoridades siguen cada pista y analizan cada cámara, la capital permanece atenta, tensa y con la esperanza de que esta vez la verdad salga a la luz.


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