Exrecluta del CJNG narra cómo sobrevivió a pruebas inhumanas en un campamento

El engaño laboral que ocultaba un infierno

Leonardo, un joven de 22 años, jamás imaginó que una oferta de trabajo publicada en Facebook lo llevaría a ser secuestrado y reclutado por el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). En su relato, compartido en el podcast de Gusgri, describió cómo una promesa de empleo como guardia de seguridad con un sueldo mensual de 10 mil pesos terminó siendo una trampa mortal.

Desesperado por mantener a su familia, Leonardo acudió a una supuesta cita laboral en Zapopan. El proceso parecía legítimo: entrega de documentos, exámenes médicos y entrevistas en un entorno profesional. Pero días después, el joven y otros solicitantes fueron citados en otro domicilio donde todo cambió. Hombres armados ingresaron al lugar, anunciando que ahora “trabajarían para el cártel”.

Tortura y deshumanización en la sierra de Jalisco

Leonardo fue trasladado a un campamento en la sierra, donde vivió meses de terror. Los nuevos reclutas eran sometidos a torturas físicas y psicológicas, como descargas eléctricas y privación de alimento, para romper su voluntad y asegurarse de su obediencia.

El episodio más escalofriante ocurrió cuando fue obligado a comer carne humana. “Nos dieron un cuerpo desmembrado y nos dijeron que si no comíamos un pedazo, nos matarían”, narró. Leonardo describió el acto como una experiencia aterradora que lo marcó para siempre. “Pensé en mi hijo, y eso fue lo único que me permitió seguir adelante”, confesó.

Entrenamiento militar para el crimen

En el campamento, los reclutas eran entrenados en tácticas de combate, uso de armas y resistencia extrema. “Nos entrenaban militares, algunos extranjeros”, detalló Leonardo. La obediencia se garantizaba con amenazas contra sus familias y castigos brutales para quienes intentaban resistirse.

La fuga y un nuevo comienzo

En un operativo militar, Leonardo fue detenido junto con otros integrantes del cártel, pero logró salir libre al no portar armas ni evidencias incriminatorias. Meses después, su lealtad durante los interrogatorios le valió una oportunidad única para abandonar el CJNG.

“Me dijeron: ‘Por tu lealtad, te perdonamos’. Fue mi única salida para empezar de nuevo”, relató. Tras su liberación, se mudó con su familia a Sonora, donde busca reconstruir su vida lejos del peligro.

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