En 1925, México vivía un contraste impactante: mientras los Contemporáneos revolucionaban la literatura y el arte, el país hervía bajo tensiones religiosas impulsadas por el gobierno de Plutarco Elías Calles. Ese año, considerado por muchos historiadores como un parteaguas en la historia del México moderno, definió el rumbo de una nación dividida entre la modernidad cultural y los conflictos sociales y religiosos que desembocarían en La Cristiada.
Acompáñanos a explorar cómo las tardes literarias en Sanborn’s se cruzaron con disturbios en templos, marcando un año inolvidable.
Los Contemporáneos: Revolución literaria en un país convulso
El año de 1925 marcó el auge del grupo de escritores conocido como Los Contemporáneos. Salvador Novo, Xavier Villaurrutia, José Gorostiza y Bernardo Ortiz de Montellano deslumbraban con obras como XX Poemas y Canciones para cantar en las barcas.
Un México aburrido para los literatos
En sus propias palabras, los integrantes del “grupo sin grupo” describían la ciudad como una “plasta anestésica”. Mientras Villaurrutia se quejaba de la inmovilidad, Novo ironizaba sobre un México “tan lleno de color y tan vacío de todo lo demás”.
Sin embargo, su irreverencia chocaba con la “literatura viril” que dominaba la época, enfrentando críticas de figuras conservadoras que acusaban a su obra de “afeminamiento literario”.
Calles y la Iglesia: La semilla de La Cristiada
Paralelamente, el gobierno de Plutarco Elías Calles buscaba consolidar su poder enfrentándose a la Iglesia Católica, vista como una institución que limitaba su proyecto de modernización.
El nacimiento de la Iglesia Católica Apostólica Mexicana
En febrero de 1925, un grupo liderado por el Patriarca Pérez ocupó la iglesia de Santa Cruz en La Merced, proclamando la creación de un culto independiente del Vaticano. Este movimiento, apoyado por la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM) y tolerado por el gobierno, generó una reacción violenta entre los fieles católicos.
El intento de celebrar misa con sacerdotes cismáticos en el templo provocó disturbios, enfrentamientos armados y la intervención de bomberos para dispersar a la multitud.
La reacción popular y el inicio de la resistencia
El intento del gobierno por crear una iglesia nacionalista despertó el enojo de la población católica.
- Disturbios en templos: Mujeres atacaron a sacerdotes cismáticos en plena misa, mientras las calles se llenaron de protestas.
- Guardias populares: En templos como la Basílica de Guadalupe, fieles montaron vigilancia para evitar incursiones de los cismáticos.
Esta resistencia marcó el inicio de una polarización que culminaría en la guerra cristera, iniciada pocos años después con la fundación de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa.
Calles y los límites del poder político
A pesar del apoyo inicial de Calles al Patriarca Pérez, el gobierno subestimó la reacción popular. Los disturbios y la presión social obligaron al presidente a retroceder.
Elección de Corpus Christi como centro del nuevo culto
El intento de trasladar el culto al templo de Corpus Christi, en la Avenida Juárez, solo avivó el descontento. Las multitudes continuaron resistiendo, lo que llevó al gobierno a reducir su apoyo al movimiento cismático.
Entre la cultura y la política: Un México dividido
La distancia entre el México intelectual y el México político no podía ser más evidente en 1925. Mientras los Contemporáneos reflexionaban sobre el aburrimiento de la ciudad y la falta de estímulos, el país se encontraba en el umbral de una crisis religiosa y social.
La cultura como resistencia
En medio de esta tensión, la literatura y el arte florecían como formas de resistencia a las normas impuestas. Los Contemporáneos, con su estilo modernista, rompieron con los esquemas tradicionales, sentando las bases para la literatura mexicana contemporánea.
El año 1925 encapsuló las tensiones de un México en transición. La efervescencia cultural de los Contemporáneos contrastaba con la agitación social provocada por las políticas anticlericales de Calles. Este año no solo marcó el inicio de la resistencia cristera, sino que también consolidó a una generación de artistas y escritores que redefinieron la identidad cultural del país.
La historia de 1925 nos recuerda que, incluso en los momentos de mayor conflicto, la cultura tiene el poder de transformar y trascender.
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