En la comunidad de Xcucul Sur, Yucatán, decenas de familias viven un infierno. Las explosiones de dinamita de una constructora proveedora del Tren Maya han agrietado y derrumbado sus hogares, y la empresa se niega a pagar los daños.
«Solo queremos vivir en paz». El grito desesperado de un adulto mayor en Xcucul Sur, Yucatán, resume la tragedia que enfrenta su comunidad. Mientras el discurso oficial celebra el avance del Tren Maya como un motor de progreso, para decenas de familias de esta localidad, el megaproyecto se ha convertido en una pesadilla de techos colapsados, paredes agrietadas y noches en vela por el estruendo de las explosiones de dinamita.
«Mi Techo le Cayó a mi Hijo Mientras Dormía»
La empresa Adobe Constructora y Consultoría S.A. de C.V., proveedora de material para el ramal de carga del Tren Maya, ha estado utilizando explosivos para extraer material de una cantera cercana, Banco Zamudio. Las detonaciones, según los pobladores, sacuden sus casas de forma «despiadada y sin misericordia».
El testimonio de Luis Alfonso Pool es desgarrador. «Mi techo empezó a caerse poco a poco. Un pedazo le cayó a mi hijo mientras dormía», relató, mostrando los daños en su vivienda que estima en 23,000 pesos. «Lo mínimo que tienen que hacer es pagar la reparación», exigió a los representantes de la empresa.
El caso de Faustino Calderón es aún más dramático. Su casa, construida con el esfuerzo de dos años y una inversión de 190,000 pesos, fue demolida por completo para abrir un camino hacia la cantera. No recibió notificación alguna. «Mi casa se convirtió en un cerro de escombros», lamentó, mostrando los restos de las vigas entre las piedras.
La Respuesta de la Empresa: Evasión y Deslinde
Cuando los pobladores confrontaron a los encargados de la constructora Adobe, la respuesta fue un balde de agua fría. Julio Pool, gerente de Construcción, reconoció el uso de explosivos, argumentando que les permite ahorrar tiempo y costos. Sin embargo, Andrés Meza, encargado de Logística, se deslindó de la responsabilidad por los daños.
«No nos encargamos de reparar los daños. Vamos a hablar con el señor Zamudio (dueño de la cantera) y le mostraremos los problemas. Lo que él haga, ya no es un tema nuestro», declaró Meza antes de retirarse, dejando a las familias en la indefensión.
La situación se agrava al descubrir que la devastación de la vegetación para crear la cantera fue presuntamente ilegal. Inspectores de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) ya han acudido al lugar y colocado sellos de clausura.
Un Grito por Justicia
Los cerca de 500 habitantes de Xcucul Sur están al límite. Han advertido que, si bien pueden soportar el ruido de la maquinaria, no permitirán una detonación más. «Si la empresa vuelve a actuar indebidamente, reaccionaremos con violencia», advirtió Rubén Ortiz Alvarado, un residente de 74 años cuya casa fue de las primeras en sufrir daños.
Este conflicto en el corazón de Yucatán expone la cara más oscura del «progreso»: el atropello de los derechos y el patrimonio de las comunidades más vulnerables en nombre de un megaproyecto federal. La historia de Faustino y Luis es un grito de justicia que exige ser escuchado, un recordatorio de que el verdadero desarrollo no puede construirse sobre los escombros de los hogares de la gente.


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