El 16 de julio, las esculturas de Fidel Castro y Ernesto Che Guevara fueron retiradas del jardín Tabacalera por la alcaldía Cuauhtémoc, encabezada por Alessandra Rojo de la Vega. El hecho no pasó desapercibido: colectivos ciudadanos, académicos y activistas levantaron la voz para exigir su reinstalación, argumentando que no se trataba solo de un par de bronces, sino de símbolos de memoria histórica y solidaridad internacional.
En ese mismo espacio, durante ocho años, las esculturas recordaron el primer encuentro entre Castro y Guevara en la Ciudad de México, en julio de 1955, un episodio clave en la historia de América Latina.
El reclamo de organizaciones sociales
Más de 30 organizaciones y un centenar de ciudadanos firmaron un documento dirigido al Comité de Monumentos y Obras Artísticas en Espacios Públicos (Comaep), encabezado por Alejandro Encinas. La exigencia fue clara: restituir las esculturas en su lugar original y evitar que su retiro quede impune.
Carolina Verduzco, integrante del Comité del 68, advirtió que permitir que el retiro permanezca sin respuesta sería una derrota política para la 4T, sobre todo frente a la administración panista en Cuauhtémoc.
La polémica respuesta del Comaep
El secretario técnico del Comaep, Raúl Espinosa, declaró que el organismo no tiene facultades legales para emprender acciones directas contra la alcaldesa. En lugar de ello, pidió a la alcaldía realizar gestiones para determinar si las esculturas deben permanecer, retirarse definitivamente o reubicarse.
Para los colectivos, esta respuesta fue insuficiente. Consideraron que dejar la decisión a voluntad de la funcionaria es “desacertado”, pues minimiza la importancia del patrimonio histórico y cultural que representan estas esculturas.
Arte, memoria y política en la Ciudad de México
El debate va más allá de la ubicación de dos figuras de bronce. Para muchos, las esculturas representan la relación histórica entre México y Cuba, así como la memoria de un episodio que marcó la política del siglo XX.
Activistas y académicos como Pablo Moctezuma y Tamara Barra insisten en que retirar los monumentos equivale a un intento de borrar la memoria colectiva y los lazos de solidaridad internacional.
Una lucha por el espacio público y la historia
El caso refleja una pregunta de fondo: ¿quién decide qué memoria se preserva en el espacio público? Para los colectivos, la reinstalación no solo es un acto de justicia histórica, sino una forma de proteger el valor simbólico que Tabacalera ha tenido como punto de encuentro político y cultural.
La batalla por las esculturas de Fidel Castro y el Che Guevara no ha terminado. El desenlace dependerá de si la presión ciudadana logra que los monumentos regresen a su lugar original o queden relegados al olvido.


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