En un suceso que estremeció a la comunidad de Amanalco, un municipio en el Estado de México, el 5 de diciembre de 2024, la alcaldesa interina Amabel López fue secuestrada por un grupo armado vinculado con La Familia Michoacana. Este hecho no solo pone en evidencia el poder y control de los cárteles en la región, sino también cómo las dinámicas de poder dentro de las organizaciones criminales responden a las acciones de las autoridades.
El secuestro de la alcaldesa fue orquestado por Pablo Hernández Hernández, alias “El Pelón”, jefe de plaza de La Familia Michoacana en el municipio. La razón detrás del secuestro no solo se vinculó con fines de extorsión, sino también con la represalia al Operativo Enjambre, una operación de seguridad que buscaba desarticular células del crimen organizado en varios municipios del Estado de México.
La liberación de la alcaldesa y la huida de “El Pelón”
El secuestro tuvo un giro inesperado cuando Amabel López fue liberada en una zona boscosa y, por su cuenta, logró llegar a una gasolinera donde recibió ayuda. Desde allí, se trasladó a la comandancia municipal de Donato Guerra, donde finalmente pudo informar a las autoridades sobre el hecho.
Este evento desencadenó una serie de reacciones dentro de La Familia Michoacana. Según informes de inteligencia, «El Pelón» tuvo que abandonar rápidamente Amanalco tras el secuestro, debido a las represalias de sus superiores. Los hermanos José Alfredo y Johnny Hurtado Olascoaga, líderes de La Familia Michoacana, habrían considerado que el control sobre la región estaba comprometido tras el secuestro de la alcaldesa, lo que forzó a “El Pelón” a huir.
Este tipo de eventos resalta la complejidad de las relaciones entre los grupos criminales y las autoridades locales. Los Operativos Enjambre, diseñados para restaurar el orden y frenar las actividades del crimen organizado, parecen generar más violencia y desafíos, ya que los cárteles reaccionan violentamente ante lo que perciben como una amenaza a su dominio territorial.
La detención de la presidenta municipal y la profundización de la crisis
El secuestro de Amabel López no fue un evento aislado, sino la culminación de una serie de enfrentamientos entre el crimen organizado y el gobierno. El 22 de noviembre, las autoridades lograron la detención de la presidenta municipal de Amanalco, María Elena “N”, quien estaba vinculada con el asesinato del síndico Miguel Ángel Lara en enero de 2023. Según las investigaciones, María Elena “N” habría dado instrucciones a “El Pelón” para llevar a cabo el crimen.
Con la detención de María Elena “N”, la alcaldía pasó a manos de Amabel López, quien se convirtió en la nueva figura pública que los grupos criminales intentaron intimidar. La respuesta de La Familia Michoacana fue clara: secuestrar a la nueva alcaldesa para demostrar su poder y control sobre el territorio.
Este incidente revela no solo la conexión entre La Familia Michoacana y las autoridades locales, sino también cómo el crimen organizado utiliza el miedo y la violencia para mantener su dominio en las regiones rurales del Estado de México. Además, pone de manifiesto la vulnerabilidad de las autoridades locales frente a grupos criminales altamente organizados.
Consecuencias para la seguridad en el Estado de México
El impacto de este secuestro y las consecuencias de la huida de “El Pelón” no solo afectaron la política local, sino también la seguridad de los municipios cercanos. La operación Enjambre, que había sido impulsada para frenar el control de La Familia Michoacana en la región, sufrió un revés. Aunque las autoridades lograron la detención de dos funcionarios municipales vinculados con el crimen, la seguridad de los habitantes de Amanalco y las comunidades circundantes sigue estando en peligro debido a la presencia de estos cárteles.
Además, la huida de «El Pelón» deja en evidencia cómo los grupos criminales continúan operando con impunidad en diversas zonas del Estado de México, a pesar de los esfuerzos de las autoridades para desmantelar sus células. El papel de los líderes de La Familia Michoacana, como los Hurtado Olascoaga, es crucial en la perpetuación de la violencia, ya que siguen dirigiendo las operaciones desde las sombras.
Reflexión sobre el futuro de la lucha contra el crimen organizado
El secuestro de Amabel López y la huida de “El Pelón” no solo son reflejo de la lucha interna de los cárteles por mantener el control sobre el territorio, sino también de la dificultad de las autoridades para enfrentar a grupos criminales tan poderosos. El Operativo Enjambre puede haber debilitado a algunos grupos, pero también ha demostrado la resiliencia y la capacidad de adaptación de los cárteles para mantenerse activos a pesar de los esfuerzos del gobierno.
Es claro que, para erradicar la violencia en el Estado de México, es necesario un enfoque más profundo y coordinado entre las autoridades locales y federales, así como un mayor apoyo a las comunidades afectadas por el crimen organizado. Los resultados de estas acciones serán fundamentales para decidir si los cárteles seguirán siendo una amenaza o si, finalmente, la seguridad en la región se restablecerá.
¡Únete a nuestro canal de Telegram! Las noticias más relevantes del día directamente en tu dispositivo móvil.


TE PODRÍA INTERESAR