Desempleo juvenil alcanza récord: crisis laboral en México

Desempleo juvenil alcanza récord: crisis laboral en México

Desempleo juvenil es un término que parece repetirse cada año en México, pero en 2025 adquirió un peso distinto. La fotografía estadística más reciente del Inegi dejó al descubierto una realidad que miles de familias ya percibían en casa: casi la mitad de la generación Z, jóvenes de entre 15 y 29 años, no tiene empleo ni participa en la actividad económica formal. Sin embargo, detrás de los porcentajes hay historias, frustraciones y decisiones forzadas que explican un fenómeno mucho más profundo que una cifra en una encuesta.

La generación que creció en crisis encadenadas

Mariana, una joven de 23 años de Ciudad de México, terminó su licenciatura en plena pandemia. Aún recuerda cómo, a pesar de enviar cientos de solicitudes, la mayoría de las vacantes pedían “experiencia mínima de 2 años”, un requisito absurdo para quienes apenas salían al mundo laboral.

Su caso representa a millones. Según el Inegi, de los 30.4 millones de personas de la generación Z en México, 14.5 millones (47.6%) no tienen empleo, y el dato más alarmante es que 63.4% son mujeres. No es solo una brecha laboral: es una brecha estructural que atraviesa roles de género, cuidados no remunerados, pobreza y acceso desigual a oportunidades.

Factores que agravan el desempleo juvenil en México

Las cifras no existen en el vacío. Expertos como Cristhian Ascencio, académico de la UNAM, recuerdan que la generación Z ha vivido crisis que marcaron su desarrollo: el cambio climático, el impacto económico del covid-19, la precarización laboral global, el encarecimiento de las rentas y el incremento del discurso de odio que afecta la convivencia y la seguridad.

La vida adulta llegó para ellos con un paquete de incertidumbres. Y la falta de empleo no es su única desventaja.

Factores que agravan el desempleo juvenil
Factores que agravan el desempleo juvenil

¿Por qué el desempleo juvenil afecta más a las mujeres?

El dato del Inegi revela que las mujeres representan más de 6 de cada 10 jóvenes sin actividad económica. Esto se debe a factores que suelen repetirse en estudios sociológicos:

  • Carga desigual de labores de cuidado
  • Embarazos tempranos
  • Restricciones familiares
  • Menor acceso a empleos formales
  • Mayor exposición a violencia laboral o acoso

Además, según Conavi, 9.8 millones de jóvenes viven en viviendas con rezago habitacional, una situación que limita su autonomía, su movilidad y su acceso a empleos dignos.

La precariedad no solo impide trabajar: también impide buscar trabajo.

Educación y vivienda: una combinación que tampoco garantiza estabilidad

Aunque el 20% de los jóvenes cuenta con estudios profesionales, esto no se traduce en un acceso automático al mercado laboral. En un país donde la sobrecualificación se ha vuelto cotidiana, los sueldos bajos y los contratos temporales son la norma.

El estudio de Conavi agrega un dato clave: los jóvenes dominan el mercado de renta porque no pueden comprar vivienda ni acceder a créditos hipotecarios. Esto genera ciclos donde el dinero no alcanza para invertir en educación continua, mudarse, ahorrar o construir independencia.

Mitad de la nota: la urgencia de atender el “desempleo juvenil” como crisis nacional

A la mitad de esta historia se confirma un punto central: el desempleo juvenil no es una estadística más. Es una amenaza al crecimiento económico del país y a la cohesión social. Una generación que no logra integrarse al mercado laboral acumula frustración, desigualdad y barreras que pueden extenderse por décadas.

Los riesgos de un futuro sin oportunidades

La tasa de desocupación entre jóvenes de 15 a 29 años es de 4.8%, casi el doble de la población total, según el Inegi. Y aunque parezca un número pequeño, representa cientos de miles de jóvenes que compiten por empleos mal pagados, inestables o sin seguridad social.

Para otros, como Rodrigo, un joven de 19 años en Sonora, la falta de oportunidades lo ha llevado a buscar empleo informal en ciudades fronterizas. Su historia se repite en muchos estados: migración interna, trabajos temporales, riesgos laborales y falta de protección.

Un panorama que exige acción inmediata

Cristhian Ascencio lo resume así: no se debe medir a la generación Z por sus formas de protesta, sino por sus necesidades urgentes de justicia social, integración y acceso real a oportunidades.

Un país que debe escuchar a sus jóvenes

El desafío está claro: México necesita políticas que atiendan educación, vivienda, brecha de género y especialmente desempleo juvenil, la palabra clave que define el presente y el futuro de millones de personas. Al final, si no se actúa, la generación que hoy parece silenciosa terminará cargando las consecuencias económicas y sociales de un sistema que no supo abrirles las puertas. Desempleo juvenil, una herida abierta que México no puede seguir ignorando.

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