El brote de sarampión en México se ha convertido en una de las principales alertas sanitarias del país en el arranque de este año, no solo por el aumento de casos en entidades específicas, sino por el riesgo real de perder el estatus de país libre de esta enfermedad, una distinción clave en salud pública internacional.
La advertencia no proviene de una fuente menor. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) otorgó a México una extensión de dos meses para contener el brote activo, una decisión que coloca al sistema de salud nacional bajo observación directa y con plazos concretos para demostrar control epidemiológico.
México ante el reloj sanitario internacional
Durante una conferencia matutina, el secretario de Salud, David Kershenobich, explicó que el país fue citado por la OPS a una reunión virtual el próximo 13 de abril, donde se evaluará si México conserva su estatus sanitario. El contexto regional no es alentador: Canadá ya perdió esa certificación y Estados Unidos solicitó una prórroga similar.
El brote de sarampión en México se mantiene activo desde febrero del año pasado, con focos particularmente visibles en Jalisco y Chiapas. En estas entidades se han concentrado los mayores esfuerzos de vacunación y rastreo de casos, al tiempo que las autoridades refuerzan los cercos sanitarios.
Por qué el sarampión preocupa más que otras enfermedades
Aunque para algunos sectores el sarampión parece una enfermedad del pasado, los expertos coinciden en que su nivel de contagio lo convierte en una amenaza significativa. De acuerdo con la Secretaría de Salud, una sola persona infectada puede contagiar hasta a 15 o 16 más, superando incluso la capacidad de transmisión del covid-19.
El virus puede permanecer activo en el aire o en superficies hasta por dos horas, lo que incrementa el riesgo en espacios cerrados como escuelas, hospitales o transporte público. En ese contexto, el brote de sarampión en México no solo es un problema médico, sino un desafío logístico y social.
Brote de sarampión en México y la respuesta de vacunación masiva
Ante este escenario, el gobierno federal ha apostado por una estrategia clara: vacunación acelerada y cobertura ampliada. Actualmente, México cuenta con 23 millones 529 mil vacunas contra el sarampión disponibles. Tan solo en 2025 se distribuyeron más de 13 millones y, en lo que va de este año, ya se han aplicado millones adicionales.
Kershenobich subrayó que el país adquirió 10 millones 800 mil vacunas el año pasado y 27 millones 365 mil este año, lo que garantiza abasto suficiente para los próximos dos años. El mensaje es claro: la falta de vacunas no será un obstáculo para frenar el brote.
Grupos prioritarios y cambios clave en el esquema
Uno de los puntos más relevantes de la estrategia es la ampliación de los grupos prioritarios. Tradicionalmente, la primera dosis contra el sarampión se aplicaba a los 12 meses de edad. Sin embargo, debido al brote, se decidió adelantar una dosis cero para niñas y niños de seis a 11 meses.
Además, se establecieron metas específicas para inmunizar a:
Niñas y niños de uno y 18 meses
Población rezagada de dos a nueve años
Personal de salud
Personal educativo
Jornaleros agrícolas migrantes
Hasta ahora, se han aplicado más de 11 millones 853 mil dosis, una cifra que refleja la magnitud del esfuerzo, pero también la dimensión del riesgo sanitario que enfrenta el país.
Estados con mayor atención sanitaria
Mientras Chihuahua ha logrado controlar su brote, Jalisco continúa bajo análisis tras detectar al menos 21 casos activos. Chiapas, por su movilidad poblacional y condiciones sociales, representa otro punto crítico para la contención del virus.
El brote de sarampión en México ha evidenciado que la vigilancia epidemiológica no puede relajarse, incluso en países que durante años mantuvieron controlada la enfermedad.
Más allá de las cifras: el reto de la confianza
Uno de los desafíos menos visibles, pero más complejos, es recuperar la confianza en la vacunación. La disminución de coberturas en años recientes ha abierto brechas que hoy permiten el resurgimiento del sarampión.
Las autoridades sanitarias coinciden en que el éxito de esta estrategia no dependerá solo del número de vacunas disponibles, sino de la rapidez con la que la población acuda a inmunizarse.
Una ventana crítica para la salud pública
El brote de sarampión en México no es solo una alerta temporal, sino una prueba de fuego para el sistema de salud y la prevención epidemiológica. Los dos meses otorgados por la OPS representan una ventana crítica que definirá si el país mantiene su estatus sanitario o enfrenta consecuencias internacionales.
Al final, la historia del sarampión vuelve a recordarnos que, en salud pública, los logros no son permanentes y la prevención sigue siendo la herramienta más poderosa. El brote de sarampión en México exige acción inmediata, coordinación institucional y una respuesta social que esté a la altura del riesgo.


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