La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) autorizó el proyecto de aprovechamiento de látex de chicozapote (Manilkara zapota) y hojas de palma de guano (Sabal yapa) en el ejido Caoba, ubicado en el municipio de Othón P. Blanco, Quintana Roo.
El permiso tendrá una vigencia de cinco años, luego de que el trámite ambiental fuera iniciado el 15 de agosto de 2025.
De acuerdo con la documentación del proyecto, las actividades se desarrollarán en una superficie de 6 mil 913 hectáreas del área forestal permanente del ejido, donde se realizará el aprovechamiento controlado de ambas especies sin modificar el uso forestal del terreno.
¿Para qué se utilizan?
El látex de chicozapote es una sustancia natural conocida tradicionalmente como chicle. Se obtiene mediante cortes realizados en el tronco del árbol y es utilizado principalmente para la elaboración de goma de mascar natural, además de algunos productos industriales y artesanales derivados de resinas vegetales.
Según el programa autorizado, entre 2026 y 2030 se prevé la extracción de 33.3 toneladas de látex de chicozapote. La mayor producción anual se estima para 2027, con poco más de 10 toneladas.
Por otra parte, las hojas de palma de guano tienen una amplia utilización en las comunidades rurales de la península de Yucatán. Son empleadas principalmente para la construcción de techos tradicionales en viviendas, palapas, restaurantes y espacios turísticos, debido a su resistencia y capacidad de aislamiento térmico.
La autorización contempla el aprovechamiento de aproximadamente 697 toneladas de hojas de guano durante los cinco años de vigencia del proyecto. Las mayores cantidades se concentrarán en las primeras anualidades del programa de manejo forestal.
Impactos al ambiente
La Manifestación de Impacto Ambiental señala que el área forestal permanente del ejido Caoba abarca más de 33 mil hectáreas y mantiene uso forestal desde hace alrededor de cuatro décadas. El documento incluye estudios sobre las características biológicas de las especies y las técnicas que serán utilizadas para su aprovechamiento.
La evaluación ambiental concluyó que los impactos negativos previstos son mínimos y se concentran principalmente en el medio biológico, mientras que no se identificaron afectaciones relevantes al medio físico. El análisis también destaca beneficios para la conservación de la selva, al incentivar el mantenimiento de la cobertura forestal y generar ingresos para la comunidad ejidal.
La Semarnat estableció además medidas preventivas, de mitigación y mecanismos de supervisión para verificar el cumplimiento de las condiciones ambientales durante la ejecución del proyecto, que estará vigente hasta 2030.


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