Alerta UNAM: Hallan microplásticos en alimentos y agua de los mexicanos

Alerta UNAM: Hallan microplásticos en alimentos y agua de los mexicanos
Alerta UNAM: Hallan microplásticos en alimentos y agua de los mexicanos

La amenaza no está solo en los océanos, ya está dentro de nosotros. Científicos de la UNAM confirman la presencia de partículas de plástico en el agua que bebemos, el aire que respiramos y los alimentos que comemos. Esta es la invasión silenciosa que afecta tu salud.

Es un enemigo invisible, sin sabor ni olor, pero que ya forma parte de nuestra dieta diaria. Una investigación liderada por el Instituto de Geología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha puesto en evidencia una realidad alarmante: los microplásticos, fragmentos de menos de 5 milímetros, han invadido nuestro entorno a un nivel tan profundo que los mexicanos los estamos ingiriendo y respirando todos los días.[5]

El problema, que antes parecía lejano y confinado a los océanos, ha llegado a nuestros hogares y, más preocupante aún, a nuestro organismo. Los hallazgos de los científicos mexicanos son contundentes y revelan una crisis de salud pública que apenas comenzamos a comprender.

El plástico en el agua que creías segura

Uno de los hallazgos más impactantes del estudio de la UNAM es la detección de microplásticos en el agua potable que se vende en los quioscos de relleno de la Ciudad de México. Millones de personas recurren a esta opción creyendo que es más segura que el agua del grifo, sin saber que podrían estar consumiendo partículas plásticas.

Esta revelación genera una paradoja dolorosa: en el esfuerzo por evitar contaminantes biológicos, la población podría estar exponiéndose a un contaminante químico persistente. Los estudios muestran que los sistemas de tratamiento de agua, aunque efectivos para muchas cosas, tienen dificultades para eliminar por completo estas partículas diminutas. Investigaciones sobre coagulación, un método común de purificación, muestran que la eficiencia de eliminación de plásticos como el polietileno (PE) puede ser tan baja como del 15% sin aditivos especiales.

El aire que respiramos: una lluvia de plástico

La amenaza no solo llega por lo que bebemos. Un estudio conjunto de la UNAM, el CINVESTAV y la Secretaría del Medio Ambiente de la CDMX (Sedema) reveló que los habitantes de la capital del país inhalan, en promedio, 2.4 microplásticos cada día, lo que suma casi 900 partículas al año.

Las concentraciones más altas se encontraron en zonas con alta actividad industrial y comercial, como Tlalnepantla, Iztapalapa y La Merced. Esto sugiere una preocupante disparidad, donde las comunidades en estas áreas soportan una carga ambiental desproporcionadamente alta. Las partículas más comunes son fibras de color azul, probablemente desprendidas de ropa sintética, con tamaños que van desde los 39 hasta los 5,000 micrómetros.

«Las partículas PM 2.5 son generadoras de enfermedades cardiovasculares y respiratorias, porque contienen sulfatos, nitratos, ácidos metales y (ahora sabemos) también microplásticos que van en sangre y pueden llegar hasta la parte más profunda de los pulmones.» – Investigador de la UNAM.

De los vertederos a tu plato

La cadena de contaminación se completa en nuestra comida. Los microplásticos llegan a los océanos, en gran parte, desde fuentes terrestres. En México, se estima que el 90% de los 2,338 sitios de disposición final de basura no cumplen con las normativas de protección ambiental, lo que facilita que los plásticos se filtren a ríos y mares.

Una vez en el agua, estos fragmentos son ingeridos por la vida marina. Investigaciones han encontrado microplásticos en moluscos como las almejas. Un cálculo estima que al consumir un cóctel chico de almejas, una persona podría ingerir un promedio de 296 partículas de microplásticos.[9] También se han encontrado en charales y otros peces, donde se acumulan y pueden producir estrés oxidativo y alteraciones celulares en los animales.

La gran incógnita: ¿Qué le hacen a nuestro cuerpo?

Esta es la pregunta más urgente y, por ahora, sin una respuesta definitiva. Sin embargo, la evidencia preliminar es motivo de gran preocupación. Estudios científicos han confirmado la presencia de microplásticos en lugares del cuerpo humano donde nunca deberían estar:

*   El torrente sanguíneo

*   El tejido pulmonar

*   El cerebro

*   La placenta y en fetos humanos

*   La leche materna

Aunque los efectos a largo plazo en la salud humana todavía se están investigando, se sabe que estas partículas pueden actuar como «esponjas» de toxinas, absorbiendo metales pesados como plomo, arsénico y cadmio del ambiente y transportándolos dentro de nuestro cuerpo.Estos metales están asociados con una variedad de afecciones, desde irritación y daño al sistema nervioso hasta un mayor riesgo de cáncer.

Un diagrama del cuerpo humano mostrando las áreas donde se han encontrado microplásticos (cerebro, pulmones, sangre, placenta).

¿Hay escapatoria? Lo que los expertos recomiendan

Ante una contaminación tan generalizada, la evasión total es prácticamente imposible. Sin embargo, los expertos coinciden en que la acción individual y colectiva para reducir el consumo de plástico es el único camino viable. La Dra. Jayaciteria Alvarado, de la Universidad Politécnica de Sinaloa, enfatiza la importancia de tres acciones clave: la correcta disposición de residuos, el fomento del reciclaje y, sobre todo, la reducción drástica de nuestro consumo de plásticos de un solo uso.

Expertos de la UNAM concluyen que la mejor estrategia es la prevención. Cambiar nuestros hábitos de consumo, optar por alternativas reutilizables y exigir a las empresas que se hagan responsables del ciclo de vida de sus productos son pasos fundamentales para frenar esta invasión silenciosa.

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