En México, el VIH ya no provoca el mismo temor que hace décadas, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Hoy, la enfermedad es percibida como tratable, controlable y, en muchos casos, evitable.
Sin embargo, este cambio en la forma de entender el virus ha venido acompañado de un aumento sostenido de los diagnósticos desde 2010, con una concentración clara en jóvenes y adultos jóvenes.
De acuerdo con la Secretaría de Salud del Gobierno Federal, tan solo en 2025 se registraron más de 2 millones de nuevos casos de VIH en el país. Los grupos de edad más afectados fueron las personas de 30 a 44 años, que concentraron el 42 por ciento de los diagnósticos, y el grupo de 15 a 29 años, con el 41 por ciento. En conjunto, ambos rangos representan más de ocho de cada diez nuevos casos a nivel nacional.
Las cifras oficiales confirman que esta tendencia a la alza no es reciente, pues entre 2010 y 2025, México acumuló más de 34 millones de diagnósticos de VIH, con un crecimiento prácticamente constante año con año. La única excepción se registró en 2020, cuando la pandemia de covid-19 redujo la detección de casos, aunque no necesariamente la transmisión del virus.
Este comportamiento confirma que el VIH sigue presente y activo en el país, aunque ya no se viva con la misma alarma social que en décadas anteriores. Pero, más allá de que la enfermedad haya sido normalizada o minimizada en algunos sectores, el VIH continúa siendo un padecimiento que exige responsabilidad, seguimiento médico y compromiso personal por parte de quienes viven con el virus.
Jóvenes y adultos jóvenes, con una falsa sensación de seguridad
De acuerdo con la psicóloga y especialista en sexualidad, Valeria Ayala, las nuevas generaciones han modificado su percepción del riesgo frente a las enfermedades de transmisión sexual, incluido el VIH, un cambio que en muchos casos juega en contra al momento de tomar decisiones informadas sobre su salud sexual.
“Hoy el VIH dejó de ser visto como una sentencia de muerte. Eso, aunque es un avance enorme, también ha provocado que se le pierda el miedo y, con ello, que se relajen muchas conductas de cuidado.
“No estamos hablando de jóvenes desinformados. Al contrario, hoy saben qué es el VIH, cómo se transmite y que existen tratamientos muy eficaces. El problema es que esa información ha generado una sensación de ‘esto ya no es tan grave’, y eso impacta directamente en la toma de decisiones”, dijo.
La especialista explicó que el acceso a tratamientos como la PrEP y la PEP ha sido fundamental para la prevención, pero también ha contribuido, en algunos casos, a una confianza excesiva para las nuevas generaciones.
“Saber que existe una pastilla antes o después de la exposición al VIH hace que muchas personas bajen la guardia. El mensaje que se internaliza es que todo tiene solución, y eso no siempre es cierto”, comentó Ayala.
Agregó que vivir con VIH implica asumir un tratamiento de por vida, acudir a controles médicos permanentes y enfrentar un impacto emocional que con frecuencia se minimiza en el discurso público y, sobre todo, en los mensajes que circulan en redes sociales, espacios donde pasan gran parte de su tiempo.
“El VIH ya no mata como antes, y eso es una buena noticia, pero tampoco es algo menor ni trivial. Es una condición crónica que te acompaña todos los días, que implica tomar medicación de forma estricta, acudir a revisiones médicas constantes y aprender a vivir con el estigma, con el miedo al rechazo y con la carga emocional que muchas veces no se cuenta. En redes sociales se habla poco de eso, de lo que realmente significa vivir con VIH a largo plazo”, comentó.
Redes sociales y la normalización del riesgo
Otro factor que ha influido de manera directa en la pérdida del miedo al VIH es la hipersexualización presente en redes sociales, donde la sexualidad suele mostrarse de forma constante.
De acuerdo con la especialista, en estos espacios digitales, el sexo aparece como un consumo rápido, visual y aspiracional, pero rara vez acompañado de mensajes claros sobre autocuidado, consentimiento o prevención de infecciones de transmisión sexual.
“Las redes sociales muestran una sexualidad libre, intensa y muy enfocada en el placer inmediato, pero casi nunca hablan de lo que implica cuidarse. No se habla del uso del condón, de las pruebas de detección, ni de las consecuencias emocionales o de salud que puede tener una decisión tomada sin protección. Eso va construyendo una narrativa donde el riesgo prácticamente desaparece”, explicó.
Este entorno digital tiene un impacto particular en adolescentes y jóvenes, quienes se encuentran en etapas de exploración, construcción de identidad y definición de sus relaciones afectivas y sexuales.
Por ello, la exposición constante a estos contenidos puede generar una percepción distorsionada de la sexualidad, en la que el placer se presenta como prioridad absoluta y el autocuidado queda en segundo plano.
“El mensaje dominante no es ‘cuídate’, es ‘vive la experiencia’, ‘no te limites’, ‘hazlo sin pensar demasiado’. Cuando el VIH deja de generar miedo o respeto, deja de funcionar como un límite en la toma de decisiones.
“Ahí es donde el riesgo se normaliza, no porque las personas quieran ponerse en peligro, sino porque el entorno les dice todo el tiempo que no pasa nada”, dijo.
VIH: Un reto que va más allá de la medicina
Pero más allá de ser señalado como un problema de salud pública, las enfermedades de transmisión sexual deben de ser abordadas a través de mensajes de prevención que realmente conecten con jóvenes.
“No se trata de regresar al miedo ni de satanizar la sexualidad. Eso ya sabemos que no funciona. Ahora tenemos que recuperar el sentido de responsabilidad, de conciencia y de autocuidado.
“Tenemos que volver a poner el tema sobre la mesa, pero desde otro lugar. Hablar de placer, sí, pero también de límites, de acuerdos, de pruebas, de condón y de responsabilidad afectiva”, explicó.
Desde el entorno familiar, la psicóloga Valeria Ayala invitó a madres y padres a abandonar el silencio o los discursos basados únicamente en la prohibición y que se acerquen a sus hijas e hijos desde la escucha y la información clara.
“Los jóvenes no necesitan sermones ni amenazas”, dijo. “Necesitan adultos que puedan hablar de sexualidad sin tabúes, sin miedo y sin juicio. Preguntar, escuchar y acompañar es mucho más efectivo que asumir que ‘no les va a pasar’ o que ‘ya saben todo’”.
Mientras que para los adolescentes y jóvenes, el llamado es a no confundir información con invulnerabilidad.
“Que el VIH ya no sea una sentencia de muerte no significa que no tenga impacto. Vivir con VIH implica cambios, cuidados y responsabilidades que nadie debería asumir por una decisión tomada sin información o sin protección”, subrayó.
DIAGNÓSTICOS POR EDADES
- menores de 14 años: 1.9%
- de 15 a 29 años: 41%
- 30 a 44 años: 42%
- 45 a 59 años: 13%
- mayores de 60: 2.4%
Fuente: Secretaría de Salud, 2025.
CASOS DIAGNOSTICADOS POR AÑO
2010 – 1,195,385
2011- 1,408,625
2012 – 1,697,038
2013 – 1,796,107
2014 – 2,067,981
2015 – 2,278,541
2016 – 2,401,779
2017 – 2,459,887
2018 – 2,659,150
2019 – 2,897,267
2020 – 1,489,106
2021 – 2,105,685
2022 – 2,447,830
2023 – 2,346,143
2024 – 2,705,931
2025 – 2,029,605
Acumulado de 2010-2025
34,081,342
Fuente: Secretaría de Salud, 2025.
