En un giro inesperado que sacude el comercio norteamericano, el expresidente Donald Trump anunció este viernes 27 de junio la ruptura inmediata de las relaciones comerciales con Canadá. La causa: la implementación de un impuesto digital que, en palabras del propio Trump, representa “un ataque flagrante y directo” contra Estados Unidos.
La noticia fue dada a conocer por el exmandatario a través de su cuenta oficial en Truth Social, donde no dudó en calificar la medida del gobierno canadiense como una agresión económica. Su mensaje no deja lugar a dudas: “Damos por terminadas todas las negociaciones comerciales con Canadá, con efecto inmediato”.
¿Qué es el impuesto digital que desató el conflicto?
Según reportes de la agencia Associated Press, el impuesto a los servicios digitales consiste en gravar plataformas y empresas tecnológicas que operan en línea pero no tienen presencia física en el país. Este tipo de gravamen busca que grandes compañías tecnológicas—como Google, Amazon o Meta—paguen impuestos justos por las ganancias generadas en mercados locales, como el canadiense.
Canadá habría aprobado este nuevo impuesto con vigencia inmediata, lo que encendió las alarmas en Washington. Trump, quien ya ha manifestado en múltiples ocasiones su oposición a regulaciones extranjeras sobre empresas estadounidenses, decidió actuar sin dilación.
Un conflicto que podría escalar
Aunque Canadá no ha respondido oficialmente al anuncio, analistas internacionales consideran que esta decisión podría desencadenar una guerra comercial bilateral, afectando no solo a corporaciones tecnológicas, sino también a sectores clave como el automotriz, la energía y la agricultura.
“Este no es solo un desacuerdo sobre tecnología. Estamos hablando de una posible fractura en la alianza comercial más fuerte del hemisferio occidental”, señaló Judith Ramos, experta en relaciones comerciales del Atlantic Council.
Contexto: tensiones previas y una región en alerta
Este anuncio llega apenas semanas después de que Estados Unidos y Canadá se vieran envueltos en discusiones diplomáticas relacionadas con el conflicto en Medio Oriente, donde ambos países manifestaron posturas encontradas. Ahora, este nuevo episodio comercial podría ser el reflejo de una relación que atraviesa su momento más tenso en años.
Cabe recordar que durante su presidencia, Trump ya había impuesto aranceles a productos canadienses como el acero y el aluminio, lo que provocó protestas y represalias de Ottawa. Este nuevo enfrentamiento parece llevar la relación bilateral a un punto crítico.
¿Qué sigue ahora?
Donald Trump adelantó que en los próximos días se anunciarán los nuevos aranceles que deberán pagar las exportaciones canadienses hacia Estados Unidos, en represalia por el impuesto digital. Se espera que las medidas incluyan sanciones tecnológicas y restricciones al comercio bilateral.
La comunidad internacional y los mercados financieros se mantienen atentos al desarrollo de esta ruptura, la cual podría impactar el precio de productos, servicios digitales y cadenas de suministro en toda América del Norte.
Reacciones divididas en redes y el escenario electoral
El anuncio ya genera fuertes reacciones en redes sociales. Mientras seguidores de Trump aplauden su “defensa de la soberanía económica estadounidense”, críticos lo acusan de desestabilizar el comercio continental en plena campaña electoral.
No es un detalle menor: este movimiento ocurre a menos de cinco meses de las elecciones presidenciales en EE.UU., donde Trump busca regresar a la Casa Blanca. Algunos analistas sugieren que esta postura podría fortalecer su discurso proteccionista ante sus bases, pero también podría generar preocupación entre empresarios y consumidores.
¿Ruptura definitiva o táctica política?
Aún está por verse si esta decisión será permanente o si se trata de una estrategia negociadora típica de Trump. Sin embargo, lo cierto es que marca un nuevo capítulo de incertidumbre para la región de América del Norte, y pone sobre la mesa la fragilidad de los acuerdos internacionales en la era digital.
La tensión crece y el mundo observa: ¿será este el principio de una nueva era comercial o una jugada electoral en un tablero geopolítico cada vez más complejo?


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