Desde la Casa Blanca, Donald Trump ha desatado una tormenta diplomática con su última ofensiva: limitar los vuelos provenientes de México y amenazar con deshacer la alianza estratégica entre Delta y Aeroméxico. La medida, disfrazada de defensa nacional, responde al traslado forzoso de operaciones aéreas al Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), a 48 kilómetros de la capital mexicana.
Este movimiento reactiva tensiones que se arrastran desde 2023, cuando el Departamento de Transporte estadounidense intentó cancelar el acuerdo entre ambas aerolíneas. Hoy, el escenario se recrudece, y las consecuencias podrían afectar mucho más que boletos de avión.
El trasfondo del conflicto: el AIFA como punto de quiebre
¿Decisión logística o provocación política?
La orden del gobierno mexicano de desviar operaciones del saturado AICM al AIFA ha sido interpretada por EE.UU. como una violación al tratado bilateral de aviación. Según Sean Duffy, Secretario de Transporte, este cambio otorga ventajas a aerolíneas mexicanas y “rompe la equidad del mercado”.
Para Trump, esta es otra muestra de cómo la administración Biden “cedió ante los intereses extranjeros”, una narrativa con la que busca ganar puntos rumbo a 2026, capitalizando el discurso del America First.
Delta y Aeroméxico: una alianza en riesgo
Pérdidas millonarias y miles de empleos en juego
Desde 2016, Delta y Aeroméxico han operado bajo un acuerdo que les permite compartir rutas, recursos y beneficios mutuos. Si se rompe esta sinergia, se perderían más de 800 millones de dólares y 24 rutas estratégicas. El turismo, el empleo y las exportaciones sufrirían un golpe duro en ambos lados de la frontera.
Delta ya lo advirtió: el fin del acuerdo afectará directamente a más de 140,000 turistas estadounidenses y 90,000 mexicanos al año. Aeroméxico, por su parte, analiza junto con Delta una respuesta legal antes de octubre, cuando entraría en vigor la orden.
¿Guerra aérea o guerra comercial?
Los vuelos como moneda de presión política
Más allá de lo aeronáutico, esta tensión se inserta en una guerra comercial más amplia entre México y Estados Unidos. Con temas pendientes como los aranceles, el maíz transgénico o la energía, las restricciones aéreas parecen ser solo una ficha más en el tablero geopolítico.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha optado por el silencio, al menos de momento. Pero este enfrentamiento podría escalar y generar represalias que vayan más allá del turismo: el comercio, la inversión extranjera y la estabilidad regional están en juego.
Un vuelo incierto para las relaciones bilaterales
La disputa entre Trump y el gobierno mexicano reabre viejas heridas en las relaciones aéreas y comerciales. Si bien todavía hay espacio para negociaciones, el tiempo corre. Lo que comenzó como un desacuerdo sobre un aeropuerto podría convertirse en una turbulencia diplomática de gran escala.


TE PODRÍA INTERESAR