La carrera por la alcaldía de Nueva York ha escalado a un enfrentamiento de nivel nacional después de que el presidente Donald Trump amenazara públicamente con arrestar al candidato demócrata Zohran Mamdani. La respuesta de Mamdani ha sido inmediata y desafiante: «No aceptaremos esta intimidación».
«No aceptaremos esta intimidación»: La respuesta desafiante de Mamdani
La reacción de Zohran Mamdani, un asambleísta estatal de 33 años e hijo de la aclamada cineasta Mira Nair, no fue de repliegue, sino de desafío frontal. A través de las redes sociales y en entrevistas, como la concedida a NY1, Mamdani se ha enfrentado directamente a las amenazas.
«Sus declaraciones no solo representan un ataque a nuestra democracia, sino un intento de enviar un mensaje a cada neoyorquino que se niega a esconderse en las sombras: si alzas la voz, vendrán por ti. No aceptaremos esta intimidación». – Zohran Mamdani, candidato a la alcaldía de Nueva York.
Mamdani enmarcó la amenaza de arresto no como una consecuencia de haber violado la ley, sino como una represalia por su postura política de «negarse a permitir que ICE aterrorice nuestra ciudad».
¿Puede un presidente arrestar a un opositor político? Hablan los expertos
La retórica del presidente ha llevado a expertos legales y en autoritarismo a intervenir para aclarar los fundamentos constitucionales y advertir sobre los peligros de normalizar este tipo de lenguaje. Ruth Ben-Ghiat, una experta en autoritarismo, ha advertido que la retórica de Trump está llevando las cosas a un «nuevo nivel escalofriante».
Expertos en derecho constitucional han sido claros en que un presidente de Estados Unidos no tiene la autoridad para arrestar unilateralmente a opositores políticos por desacuerdos en políticas públicas. La idea de usar el poder del estado, como el arresto o la investigación de la ciudadanía, como un arma retórica contra los rivales políticos, erosiona las normas democráticas fundamentales. Aunque la amenaza de un arresto literal puede ser legalmente infundada, su repetición en el discurso público tiene un efecto intimidatorio y busca condicionar al público a ver tales acciones como una parte legítima del juego político, un precedente que muchos consideran peligroso para la salud de la república.


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